29.7.21

Exhalación

Esta segunda antología de Ted Chiang me ha gustado significativamente menos que la primera 'La historia de tu vida', pero contiene un relato (el que le da el nombre a la antología) que me parece tan soberbio que por si mismo justifica comprar y leer esta selección de relatos.

El relato en cuestión 'Exhalación' es una deliciosa alegoría sobre la entropía y la muerte térmica del universo. Pero no nos adelantemos, más adelante haré una revisión de cada uno de los relatos de esta antología, hablamos del libro en su totalidad primero. Las mecánicas narrativas de este segundo libro no son muy diferentes a las del primero: se escogen en muchos casos mundos no ya improbables, sino directamente imposibles y se les da carta de realidad para ilustrar acertadamente una reflexión filosófica que el autor quiere hacer. La recreación de estos mundos es detallada, certera y en muchos casos compleja, así que, ¿por qué el conjunto me convence menos? 

El primer problema es que no hay ningún cuento con tanta diversidad de puntos de vistas (y por lo tanto con una perspectiva tan completa) como era el relato '¿Te gusta lo que ves?' de la primera. En segundo lugar algunos de los relatos (como la recopilación de micros de papagayos), me parecen casi una broma, o al menos una guasa de poco calado que no lleva a nada. Pero el principal problema es que los temas dominantes de esta recopilación no me interesan demasiado: el libre albedrío y la crianza de los niños.

Hace muchos años que me convencí de que el libre albedrío no es más que una ilusión. Entiendo que para los que aún están reconciliándose con tal idea darle vueltas al asunto les parezca fascinante, pero a mí me tiene cansado y me aburre sobremanera. En cuanto a la crianza, ni tengo hijos ni voy a tenerlos, así que es un tema que me da totalmente igual.

Pero veamos los cuentos que incluye esta antología:

  • El comerciante y la puerta del alquimista: me cuesta imaginar un viaje en el tiempo invariante (supongo que porque, aunque no creo en el libre albedrío, sí estoy convencido de la interpretación de la cuántica de múltiples mentes y múltiples mundos), pero la recreación del tono de las mil y una noches me parece fascinante y muy bien lograda. Si lo tomo no como ficción filosófica especulativa, sino como un relato de fantasía, no puedo más que aplaudirlo.
  • Exhalación: este relato me parece maravilloso, la descripción de un mundo totalmente mecánico, impulsado por la diferencia de presión (paralelamente a la que el incremento de entropía mueve el nuestro mundo biológico) es simplemente perfecto, una excelente alegoría y un interesante puñetazo para aquellos que no se hayan dado cuenta de que nuestro universo es un sistema cerrado condenado (en principio) a la muerte térmica. Lo aplaudo todo de este relato excepto la explicación que el mismo autor da de su fuente de inspiración: la explicación que da Penrose de la entropía. Eso es triste porque la explicación de Penrose me parece simplista y equivocada.
  • Lo que se espera de nosotros: este relato me aburre porque se recrea en un sentimiento que yo no tuve y que siempre me ha parecido absurdo: la idea de que la inexistencia del libre albedrío es un problema. Cuando llegué a esa conclusión hace ya muchos años para mí resultó un alivio, las piezas encajaban y me podía quitar de encima el problema de la 'esencia' volitiva, no un problema. La forma del relato (como una nota de aviso) está bien, pero el relato no tiene mucho más allá.
  • El ciclo de vida de los elementos software: este relato es larguísimo, hasta el punto de constituir una novelle casi independiente. De hecho creo que ganaría siendo publicada por separada. A mí se me hizo demasiado larga, tal vez porque el tema de los derechos de las AIs y de la crianza no me interesan nada. Eso sí, está impecablemente escrito, sobre todo están bien conseguidas las diversas voces.
  • La niñera automática: he de confesar de que no tengo ni idea de cuál es el interés de este relato, de hecho me parece que desluce mucho la antología.
  • La verdad del hecho, la verdad del sentimiento: me parece muy interesante el tema de cómo cambia nuestro pensamiento a medida que le aplicamos diversas soluciones tecnológicas, y el doble relato sobre la oralidad y la memoria me parece muy bien escogido. Sin embargo me resulta muy difícil de creer la historia del protagonista, que me parece demasiado forzada.
  • El gran silencio: no me gusta nada este relato, me parece conceptualmente muy inferior a los demás.
  • Ónfalo: este relato es como el de los golems de la anterior antología, toma visiones incorrectas, mundos imposibles, las hace reales, tangibles y luego lo usa como punto de partida para reflexionar sobre ellas. Está bien, aunque el tema 'dios y la creación', no me interesa nada y darle  juego al creacionismo me parece simplemente mala idea.
  • La ansiedad: este relato es interesante, es una pena que la base del relato (la interpretación cuántica de los múltiples mundos) sea incorrecta. Incluso suponiendo que los prisma se pudiesen fabricar, a cada lado de la división inicial de mundos la líneas temporales se irían igualmente separando, si no hubiese interacción entre ellas, lo que provocaría que la visión del prisma se haría difusa e inútil con el tiempo. Por otra parte hay intercambio de información entre ambos lados, así que sí que hay interacción entre ambas líneas, así que en definitiva son la misma línea y el prisma no sería más que un espejo vulgar. Al final el relato solo puede ser una especulación mediante técnicas de fantasía mágica, sobre el arrepentimiento de las decisiones tomadas, no llega más allá.

23.7.21

La historia de tu vida

 

Hace pocos días me he terminado esta antología de Ted Chiang y resulta lo bastante interesante como para dedicarle un artículo. No solo interesante por la calidad literaria (que es excelente), sino por lo que estos cuentos son y sobre todo parecen representar.

El libro me ha recordado a uno de mis libros favoritos de los últimos tiempos 'Diez planetas' de Yuri Herrera. Como le pasaba ya a esa antología esta de Ted Chiang es presentada como 'ciencia ficción' (de hecho su segunda antología Exhalación viene 'decorada' con una fajilla que dice cosas como 'y tú que creías que no te gustaba la ciencia ficción'), cuando no son tal cosa. Ambas antologías son de ficción especulativa (no voy a discutir eso), pero ninguna de los dos encajan muy bien en ninguno de los géneros o subgéneros que habitualmente se incluyen en ella. Ambos autores usan los 'modos' e incluso muchos tropos de la ciencia ficción, pero sus obras apenas especulan sobre una ciencia (ni dura, como física o matemáticas, ni blanda, como sociología), sino que se trata más bien de ficción filosófica o ficción especulativa filosófica.

En el caso de Yuri Herrera el entronque con los relatos de Borges me resulta evidente, en este caso la relación es más sutil (aunque el mismo autor introduce él mismo una referencia al genial argentino en uno de sus cuentos), y eso es porque la especialidad de Ted Chiang parecen ser la especulación mitológica. Toma algún mito (antiguo o moderno), lo imagina absolutamente real y muestra sus consecuencias con técnicas de realismo especulativo similares a los de la mejor ciencia ficción. Pero mejor analicemos cuento a cuento.
  • La torre de Babilonia: en este cuento el autor toma un mito (el de la torre), le añade detalles de cosmografía imaginada por los sumerios y añade una pizca de modernidad imaginando una topología cuatridimensional cilíndrica o toroidal, supone que todo eso es real y lo muestra con sencillez. Me parece una elección excelente porque desde el primer momento te pone frente a lo que esta antología es: un conjunto de mitos recreados sobre todo para mostrar lo asombroso que resultan.
  • Comprende: este es el cuento que menos me gusta del libro, tal vez porque hay varias creencias (o esperanzas) del autor que simplemente no puedo compartir. Muestra un mito que en este caso sí parece desear creer, el de Dune, el del poder ilimitado de la mente humana y la autoconsciencia, y el efecto es mucho más pobre a mi modo de ver. Además en este relato recurre a su formación de informático y hace referencias a elementos de programación y similares que no parecen adecuados.
  • Dividido entre cero: como antiplatónico absoluto este relato me hace bastante gracia. El relato va del mito de la 'existencia platónica real de las matemáticas'. Una matemática platónica ferviente encuentra una demostración de que las matemáticas son arbitrarias y pierde el gusto por la vida. 
  • La historia de tu vida: este relato da nombre a la antología y dio lugar a la película 'La llegada'. Me parece uno de los mejores relatos del libro, sobre todo porque se aparta de la frialdad intelectual que domina a los demás y se deja llevar por los sentimientos. La forma es estupenda, sobre todo el uso de los presentes-pasados-futuros, unas formas verbales normales pero usadas de manera extraña y magistral. El mito subyacente al relato es la posibilidad de la existencia de seres con una visión temporal no lineal o no causal, vamos lo mismo que en Matadero 5,  o que en muchos episodios de Deep Space 9 de Star Trek. Aunque el relato me parece excelente, a mi modo de ver fracasa en su intención principal, la de materializar el mito de la no causalidad, porque como en las otras obras mencionadas tienen que recurrir finalmente a narraciones lineales perfectamente ordenadas en el tiempo para que el lector la lea con comodidad. Lo entiendo, pero abarata demasiado el tratamiento del tema a mi modo de ver.
  • Setenta y dos letras: este relato de fantasía es maravilloso, pero sobre todo en su worldbuilding de fantasía. Tratarlo como si fuese ciencia ficción me parece disminuir su valor. Aquí el autor juega con el mito del golem y varios mitos más como el vitalismo, la generación espontánea y otras cosas locas que se creían en el siglo XIX. El resultado es un mundo muy alejado del nuestro en sus bases, aunque casi idéntico en su superficie, que resulta absolutamente coherente y lógico. Me parece una maravilla. No es mi favorito por muy poco.
  • La evolución de la ciencia humana: es mucho más corto que los demás, lo que realmente me gusta (en general me resultan un poco largos los cuentos de esta antología, casi como mini novelas) y no solo es creíble, sino que me parece el cuento más de ciencia ficción tradicional de todo el libro. Muy aconsejable (aunque no original, me recuerda demasiado al relato de Asimov sobre el redescubrimiento de la aritmética).
  • El Infierno es la ausencia de Dios: probablemente por el tema este relato me aburre y me deja frío, pero reconozco que está muy bien hecho, es certero y va directo a la yugular de las creencias (yo no tengo de eso, así que tal vez por eso me aburre). En este caso el mito es dios o más concretamente los ángeles y sus advenimientos al mundo.
  • ¿Te gusta lo que ves? (Documental): este es sin duda mi preferido de todo el libro. Me encanta su tono fragmentario y de documental americano (casi puedo ver los rotulitos en la parte de abajo de la pantalla y los escenarios universitarios en los que supuestamente ocurre). La especulación en este caso es perfectamente legítima y encima muestra el asunto casi desde todos los puntos de vista posibles dándole en cada caso un tratamiento perfectamente creíble. Un diez, no os lo podéis perder.
Aunque el libro me parece estupendo me preocupa un poco lo que representa. Me da la sensación de que el desinterés general en la ciencia (y más en los USA), está desdibujando el límite entre la ficción especulativa de base científica y otros géneros más fantásticos. Hace no mucho leí una 'reseña' que volvía a tratar 'El problema de los tres cuerpos' como hard SF y eso me tiene muy preocupado.

Mes siete casi ocho

No he escrito literalmente ningún post en todo el año. Desde que empezó este 2021 he estado descolocado en cuanto a la escritura, en parte es por los cursos que he tomado, en parte porque me estoy preocupando más por cuidar mi salud, pero en general es que mi dinámica de escritura (y mis horarios) se han desajustado bastante. 

He estado haciendo cosas (además de bajar peso y caminar mucho hasta lesionarme un tobillo), incluyendo versiones nuevas de un par de protos de juegos de tablero, mucha revisión de cuentos viejos y la reescritura de Anexo Personal

Sí, creo que va siendo hora de darle un lavado de cara a esta novela corta y estoy reescribiendo las partes que me parecen más flojas. Ya he encargado una portada nueva y quiero darle una maquetación honrosa. No creo que la ponga esta nueva versión a vuestra disposición hasta navidades o algo antes. Servirá para conmemorar mi primer cumpleaños pasada la cincuentena.

He estado leyendo bastante, así que tal vez comience una serie de reseñas detalladas de algunos de los libros que me parezcan más interesantes. 

Lo más importante que tengo entre manos espero que esté disponible para el 2022, así que de momento no voy a contaros nada, que no me gusta mucho eso de generar expectativas. 

24.12.20

El año cincuenta


Hoy cumplo los cincuenta años, así que va tocando el habitual repaso anual de resultados. ¿Qué he hecho este año a parte de cumplir cincuenta años?

Lo más importante que he hecho, sin duda alguna, es dejar el trabajo de ingeniero. Me dieron la oportunidad de dejar el puesto que tenía en mi empresa a cambio de una indemnización considerable y cogí la oportunidad. Desde marzo estoy de vuelta en San Fernando, disfrutando de una paz que incluye escribir varias horas a diario y cultivar mis propias hortalizas. Hay algo mágico en recoger los huevos de tus gallinas o hacer un arroz de verduras usando el ajo, las habichuelas y las zanahorias que tu mismo has plantado, regado y cuidado. ¡Y saben mejor! También hay algo mágico en lo de sentarse cada mañana (después de un desayuno preparado con tus propias manos y disfrutado relajadamente, sin prisas) a poner en palabras una historia que nunca antes ha existido, a darle vida a unos personajes que tan solo existían en mi cabeza.

Supongo que lo segundo a resaltar sería que, por fin, este año he autopublicado Cuentos de Hierro y Pólvora, la primera entrega del universo de los Colonos de Tulgia. Le tengo especial cariño a este mundo y a estos personajes. Tanto a los que aparecen en estos cuentos como a Héctor el Inquisidor, que ha surgido como el reflejo interactivo de las Viejas Tierras de Sisebuto Sáez, Suyán Flores o Jenere Ágeva de Castro. El proceso de preparar esta primera entrega de Tulgia ha sido complejo. No solo he tenido que buscar a los profesionales que me han ayudado a darle forma con las correcciones, maquetaciones e ilustraciones, sino que he tenido que obligarme a imaginar con cuidado y detalle, muchos aspectos de aquel mundo que eran poco más que nieblas informes en mi mente. Ahora tras los cuentos hay todo un elaborado conjunto de historias, desde el punto Jonbar escogido, hasta la genealogía de cada personaje, así como la línea histórica detallada de esa dimensión paralela. Todo lo cual, por supuesto, no está en los cuentos, pero que espero que disfrutéis, ahora que aquellos relatos frutos del nanowrimo de 2015, tras cinco años, son un libro de verdad con sus tapas y sus ilustraciones internas.

Hay una segunda noticia editorial con relatos míos en su interior. Bubok nos ha escogido como parte de sus proyectos de publicación, y, muy recientemente, ha puesto en línea una nueva versión de Ni en un millón de años. Nos han hecho una revisión interesante de los cuentos así como una nueva maquetación que, sinceramente, creo que ha quedado francamente bien. Ahora los mensajes que reciben mis tripulantes del Agni Kalpa se ven bien chulos y resaltados. Esta gente de Bubok se ha portado bien con nosotros y ha soportado nuestras indecisiones sobre la portada (no ha quedado mal con el careto de Elisa, ¿no?). Además se han currado bastante la distribución, y ahora, además de poder encontrarlo en la página de Bubok, podéis encontrarlo en Amazon o en la Casa del libro. Creo que incluso se va a poder encontrar en alguna librerías, pero no tengo el detalle de en cuáles o cuándo. ¡Los que no tuvieseis la versión previa espero que disfrutéis con esta renovada versión! Es muy recomendable. Son un buen montón de cuentos de ciencia ficción de autores con los que estoy teniendo la suerte de compartir muchas tardes de charlas y reflexiones. Tal vez muy pronto os traigamos más noticias interesantes desde este frente.

He escrito muchas más cosas durante este año sobre todo para diversas convocatorias. Hagamos un repaso. Lo primero que escribí fueron 'Aguas verdes', un relato para la convocatoria de Bajo las aguas de Dorna. No gustó lo bastante. No me extraña, tenía bastantes defectos. Tal vez salga en otra antología una nueva versión en la que estoy trabajando el año que viene. Eso sí mi amigo David lleva un excelente relato en ella, ¡no dudéis en echarle un vistazo! Después escribí 'Juntos en el fuego' para la buena gente de la PAE y en esta ocasión quedé finalista. Los estupendos libros que me han mandado de premio ya están en mis estanterías. Para el visiones mandé 'Lo normal', una historia sobre lo que consideramos inaceptable y cómo lo tratamos, en tono de cyberpunk ligero o ciencia ficción social de futuro cercano.

Para ediciones el Transbordador escribí 'Puerta de caracol', que, sinceramente, me parece la cosa más bonita que he escrito este año. Una novelette que transcurre a finales del siglo XXI, pero que podría transcurrir ahora mismo o en un pasado no muy lejano. Me gusta tanto que aunque no fue seleccionada ya la he mandado a otra convocatoria y si no queda seleccionada seguiré intentándolo una y otra vez. Es una obra que creo que merece aparecer en alguna parte aunque sea poca cosa.

Para el Domingo Santos escribí un relato gamberro titulado 'Echo de menos las medianoches'. Para el de Mitopoiesis mandé una versión revisada de 'La rendición de Innana'. He mandado cuentos a varias convocatorias más, así como microrelatos y una novelette más a otra convocatoria que no voy a decir título ni tema ya que aún no han salido los resultados.

Y como estoy así de loco no solo estoy apuntado al taller de Alicia y al master de escritura narrativa del Hotel Kafka, sino que encima me metí en un reto de nanowrimo este año y en él he escrito otra novelette más: 'Un informe sobre María'. Ahora mismo la estoy revisando con los betas, así como con el maravilloso Noa que siempre recomendaré para lo que sea que necesitéis de lectura, revisión o corrección. ¡No dudéis en contratarlo! 

Entre una cosa y otra estoy escribiendo entre dos y tres cuentos semanales, y para colmo de males hasta me estoy atreviendo a escupir poemas que Planseldom seguro que encontraría desastrosos. 

Me falta explicar porqué Layna está en la foto de cabecera. Sí es Layna, sí. Por fin he sacado del cajón sus cuentos y les estoy dando forma. No tiene mala pinta, creo que a finales del 2021 tendré una versión aceptable que ella podría considerar dignos de ser leídos. Si ella leyese algo, claro. Con suerte en el 2022 tal vez tengáis con vosotros relatos de la cyborg más borde y sus camaradas, relatos nuevos y, espero, que más fundidos y destripantes.

23.12.20

Cinco décadas y cinco lustros (5)

 

Para cuando empezó esta última década, pensaba que había encontrado un nuevo equilibrio. Me había acostumbrado a caminar al menos una hora, cada vez lo hacía más rápido y todos los viernes me cruzaba Madrid desde el trabajo hasta mi casa: unos veinticuatro kilómetros. Ya ni siquiera tenía que pararme a descansar después de hacerlo. Cruzaba la ciudad y tras una ducha rápida salía a hacer la compra de la semana. Empecé a hacer planes a más largo plazo, en los que estaban incluidos esos viajes que nunca había hecho (aún estás pendiente Santorini, ya veré las laderas de Atlantis, ya las veré) y me permití hacerme ilusiones con nuevas personas. Incluso llegué a quedar con las viejas ilusiones del pasado para bromear de las cicatrices que el amor había dejado.

La empresa y la oficina seguía en plena reconversión, pero, al menos, estaba tirando líneas de código de nuevo (lo que siempre me ha ayudado, crear me da la vida, ya sea una novela, un juego o un programa corporativo) y trabajando en temas de innovación con gente que merecía la pena. Hicimos un proyecto que me pareció importante para la compañía (que, por supuesto, cerraron sin contemplaciones) y luego creamos el germen de una herramienta que no me pareció tan interesante, pero que se ha quedado ahí, y sigue dando servicio a una parte de la empresa después de diez años. A lo largo de mi carrera profesional he estado en la semilla de varias de esas herramientas y algunas se han quedado ya como parte de la compañía. Me satisface pensar que varias de ellas siguen funcionando y ayudando tras cinco lustros.

La cosa se torció primero en la parte personal. Cabía esperar. En aquellos momento estaba bastante ilusionado con una antigua amiga. Nos llevábamos (creía yo), cada vez mejor, la conversación fluía y pensé que esta vez... Me pareció que aquello podía funcionar. Cuando me enteré de que había roto con su pareja (una relación de muchos años que parecía bastante fuerte), la llamé y estuvimos hablando bastante. Yo estaba en ese momento en Cádiz, así que no pude hacer por verla, y para cuando llegué a Madrid descubrí que había dejado su relación anterior, sí, pero que ya se había unido a otra persona. Me sentó bastante mal y empecé a comer. Intenté controlar el peso manteniendo el esfuerzo físico, incrementándolo, pero lo que logré fue joderme la rodilla primero y luego los tobillos.

El trabajo volvió a cambiar y aunque tuve un pequeño periodo de brillantez (sospecho que mi cima en la compañía), ni dos años más tardes la compañía se volvió a revolver y en esta ocasión todo apuntaba ya hacia el final de la única empresa en la que he querido estar. La cosa no pintaba nada bien y la báscula me devolvía cifras cada vez más aterradoras.

Me salvó la escritura. A finales de la década anterior ya me había apuntado al Nanowrimo del 2009 para forzarme a terminar una vieja historia que me interesaba particularmente (Mundo de Cenizas) y desde entonces esta cita anual con la creación desaforada me ha ido dando la vida.


Muchos de estos libros, en particular los del desierto nevado, no creo que vean nunca la luz, pero han servido para que, poco a poco, me acostumbre a un ritmo continuado y firme de escribir, para que lime las asperezas de mi prosa y descubra lo que me gusta o sé escribir.

El periodo del 2014 al 2016 ha sido mi último periodo de felicidad. En esos tiempos volví a un laboratorio de innovación, de la mano de un jefe-amigo, un tipo excepcional y rodeado del olor al estaño de soldadura. Un tiempo genial con una gente maravillosa, creativa y currante a más no poder. Creamos muchas cosas nuevas e interesantes en ese tiempo, y por supuesto para finales del 2016 la compañía ya lo había chapado. Al menos de ese tiempo he sacado Cuentos de Hierro y Pólvora, lo mejor que he publicado, creo, hasta el momento. Desde entonces todo ha ido a peor hasta el principio de este año. 

Me he estado arrastrando este último lustro, esperando a que algo cambiase y sintiéndome muy atrapado.  No todo fue malo, estuvieron las Sillyberrys, pero me supo a poco a muy poco, y ni siquiera la comunidad de ficción interactiva parecía ni remotamente interesada en ellas.

Hace dos años murió mi padre por un cáncer cerebral que se lo llevó en pocos meses, y eso me dio una perspectiva nueva de todo. Empecé a echar cuentas y en cuanto la compañía me dio la oportunidad de marcharme a cambio de una considerable compensación, acepté sin pensarlo más.

He dejado atrás Madrid, mis fracasos amorosos, mis horas eternas de oficina, la frustración de sentirme de poca utilidad en este último lustro y ahora estoy de vuelta a mi ciudad de nacimiento. Escucho el silencio por la ventana. Siento de nuevo la amigable fiereza del Levante en mi cara. Siembro hortalizas en el patio de atrás. Hago repostería. Y, sobre todo, escribo. Todos los días, más de tres horas, y por fin siento que podría estar haciendo esto durante el resto de vida. 

Los cinco lustros que quedan.



22.12.20

Cinco décadas y cinco lustros (4)

Hice esta foto a pocos meses de que ocurriese el 11-S. Estuve arriba del todo de una de las torres e incluso compré en una tienda de allí una camisa de tela vaquera que aún está en mi armario. Como muchos turistas me tumbé en el suelo con la cámara para tomar inmortalizar mi visitan sin imaginar que no mucho después estarían ardiendo por un atentado.

Habíamos ido en modo ultra-barato (cuatro por habitación, en cama realmente estrechas de dos en dos) y con el dinero justo en el bolsillo. Moló mucho, sobre todo la vista nocturna de la ciudad, la misa gospell y la inolvidable sensación de no estar en una ciudad de humanos, sino de gigantes. La vista de Central Park con los rascacielos sobresaliendo como si en lugar de estar en un parque de una ciudad estuviésemos en un estrecho valle rodeado de acantilados, nunca saldrá de mi cabeza.

Pero siendo sinceros no fui para ver la ciudad, fui porque iba una mujer menuda, de piernas bellas y faldas cortas, que me traía loco desde el primer instante que la vi. Una mujer que ya me había rechazado y que estaba con otra persona. Sí, soy bastante imbécil para estas cosas, sobre todo hace veinte años. 

Esta década, la cuarta, no fue muy buena; pero fue fundamental en mi vida. Me pasé la década trabajando demasiado, enamorándome de forma no correspondida como un poseso en serie, y acabé la década con una crisis de los cuarenta de campeonato, una calvicie repentina y toda clase de problemas médicos (sobrepeso brutal, alta tensión, dermatitis galopante, etc...). La verdad es que fue una década de currar como un gilipollas y una constante duda sobre lo que era y lo que quería. Sentía que todos mis planes habían fracasados, que me quedaría solo para el resto de mi vida y que todo lo que hacía, por mucho que alcanzase éxitos profesionales, no servía para nada.

Pero las crisis tienen cosas buenas. Las dudas y la sensación de vacío me hicieron volver a la ficción interactiva: me volqué de nuevo en la comunidad, escribí Casi Muerto e intenté crear muchísimas librerías, extensiones, ejemplos, para ver si la comunidad despegaba (no lo hizo, claro). Monté un concurso que me decepcionó un poco, pero que al menos sirvió como mi primer contacto con el maestro Santiago Eximeno

Por otra parte el dolor del nuevo amor no correspondido, me hizo volver a escribir literatura. Con la absurda ilusión de interesar al torbellino de piernas bonitas, me dio por escribir cuentos improvisados a todo el grupo y el que a muchos de ellos les gustase (ella no mostró ni el más mínimo interés), me hizo pensar en tratar de escribir algo más largo. Así fue como nació Anexo Personal. Recuperando un personaje no jugador de una partida de rol y su contexto, monté una historia a caballo entre ciencia ficción y el space opera, sobre una oficial militar, demasiado joven para el cargo que le han asignado, que hace de jefe de policía en una colonia humana de frontera. Una colonia con una ocupación principal realmente peculiar: las carreras de naves monoplaza gravíticas.

Lo cierto es que le eché muchas horas y mucho cuidado. Cuando la terminé intenté llevarla a varios concursos que me gustaban y no logré ningún éxito. Aquello me desanimó un poco, pero la semilla ya estaba plantada. Ya no podía dejar de escribir alguna cosa cada año, hubo varios intentos de fantasía épica y acabé escribiendo Ríos de Rhyan que es una historia de cyberpunk suave y el núcleo del libro de los Cuentos Fluidos. Por aquel entonces la autopublicación en Amazon estaba arrancando y me dio por ahí. Ríos de Rhyan acabó publicado en Amazon con una maquetación pobre y una corrección que merece una revisita. A todo hay que aprender.

Esos diez años fueron un penduleo constante. Entrando y saliendo del modo workalcoholic una y otra vez. Teniendo recaídas una y otra vez en las rodillas de la mujer del traje amarillo. Viendo a la gente a mi alrededor cambiar, hacer familias, casarse, buscarse un proyecto personal, mientras que yo me sentía descabezado, con éxito profesional, sí, pero sin interés en lo que hacía, y me iba 'escondiendo' en viejos proyectos de una naturaleza o de otra según me iba cansando o frustrando con los otros proyectos.

Hubo algunas cosas creativas interesante, como Layna o Hierba tras el cristal; cosas que no acabaron de cristalizar en libros ni en ninguna otra clase de producto del que me sintiese realmente orgulloso. La última parte de la trilogía del Anillo, por ejemplo, fue algo que me consumió mucho tiempo, esfuerzo y ánimo pero que quedó a medio camino y su repercusión en el mundillo de la ficción interactiva fue más bien pequeño. De nuevo intenté hacer extensiones que cayeron en saco roto y en general la vida me parecía cada vez más absurda.

Para colmo de males, las últimas piezas que me quedaban de seguridad, el trabajo y el roleo, se tambalearon cuando me acercaba a los cuarenta. Las partidas se complicaron y la empresa entró en esas fechas en un periodo de reconversión que doy al traste con todo lo que había ido asegurando poco a poco con los años. Nos llevaron al norte, aún más lejos de mi casa, y cuando acababa esta década la revisión médica me puso en el brete de mejorar de vida o morir joven. 

Al menos acabé la década con un triunfo auténtico: a base de andar y dieta logré mejorar bastante mi salud, así como bajar treinta kilos en pocos años. Eso fue lo mejor que logré en esta década, aunque, por supuesto, lo dilapidé nada más empezar la siguiente.






Cinco décadas y cinco lustros (3)

 

Mi tercera década (los años noventa) fue un periodo 'dividido', dual, partido entre la cara y la cruz. Para empezar el primer lustro y el segundo fueron muy diferentes. En segundo lugar todo el tiempo sentí que me encontraba separado de mi lugar natural y que sólo vivía a ratos (cuando bajaba a Cádiz), siendo mi estancia en Madrid más bien una obligación, un castigo. Finalmente fueron los años de dos enamoramientos, los más importantes de mi vida, cada uno en un lado de mi vida, cada uno en una ciudad, ambos igual de fracasados.

Al principio de la década me mudé de San Fernando, Cádiz, a Madrid, para estudiar la carrera. Había decidido hacer Telecomunicaciones más que nada por presión social. Mi cabeza estaba llena en ese momento de informática y mi corazón suplicaba por hacer matemáticas, pero en aquel entonces la carrera de teleco estaba de moda y todo el mundo pensaba que allí estaba el futuro, la pastuza, la vida buena, así que cuando saqué la media más alta de la provincia en la selectividad, todo el mundo, hasta los viejos conocidos que me encontraba por la calle, me animaba a hacer una ingeniería. Mi vida hubiese sido muy diferente si no hubiese cedido y hubiese optado por matemáticas. Algunas veces pienso que hubiese sido mejor, no lo sé. Sin duda estaba más cerca de lo que de verdad deseaba.

Sacar los primeros años de carrera fue complicado, pero lo peor eran los fines de semana, en los que me encontraba muy fuera de lugar y bastante solo. Llené mi vida con varias cosas. Primero estaba todo el asunto de las aventuras conversacionales: tras participar en el concurso de microhobby con relativo éxito, me volqué en el asociacionismo, tuve una intensísima correspondencia y creé un parser

En segundo lugar iba mucho al cine, llegando a aficionarme al circuito de versión original en aquellos años. Fueron los años en los que descubrí mis películas favoritas tales como Azul o Before the rain

En tercer lugar me aficioné a mirar en tiendas de libros de segunda mano, mercadillos de libros viejos y cosas similares. En esas visitas fue cuando hice mi colección de libros de ciencia ficción. Así descubrí muchos autores como Clarke, Heinlen, Bear, K. LeGuin, Herbert y sobre todo Frederick Pohl. El primer libro que cayó en mis manos de Pohl fue Pórtico (el de la imagen de cabecera) y me fascinó. Como este libro había ganado 'los premios', fue el que inició mi costumbre de revisar los que ganaban cada año tales premios y comprar muchos de ellos. Mis gustos han ido cambiando y ahora soy más de Úrsula que de Frederik, pero tengo que agradecerle a Pohl que orientase mi lectura hacia este género.

En cuarto lugar la década se inició con el rol. En el 89 llevé a San Fernando la caja roja de D&D y el éxito fue fulgurante. En los siguientes años cada visita a mi ciudad era una excusa para encerrarme con amigos, conocidos y hasta desconocidos para echar o dirigir una partida. He sido y seguiré siendo feliz improvisando partidas, viendo a los jugadores disfrutar, reír o sufrir.

A mitad de la carrera (superada la parte difícil, ya terminando tercero), tuve una profunda crisis de identidad. Cuando las asignaturas empezaron a ser 'de ingeniero' de verdad, me di cuenta lo muy poco que me interesaban las antenas o las impedancias, y estuve a punto de mandarlo todo a la mierda, buscar mi cambio a matemáticas o, al menos, a informática. No lo hice porque estaba desesperadamente enamorado de una mujer que no me correspondía y apartarme de ella completamente me resultó intolerable. Seguramente debí hacerlo. Aquella época fue confusa, dividido entre dos lugares, dos personas, dos vidas... y sufriendo con Kimagure Orange Road para redondear la cosa. Me salvó un poco retomar el teatro. Acabé siendo socio fundador de No es culpa nuestra.

El segundo lustro se inició perdiendo ambas mujeres, tanto la de Madrid, como la de Cádiz. Seguramente nunca hubo correspondencia hacia mí por parte de ninguna de las dos. Casi prefiero quedarme con la vida. Una de ellas escogió a otra persona y la otra escogió quedarse con nadie. Yo me volqué en el curro, y comenzó mi descenso a las jornadas inacabables entre líneas de código y olor a estaño de soldadura.

En esta segunda parte de la década, casi perdí toda mi capacidad creativa, a excepción del rol, que se quedó ahí para rescatarme de la vida de ingeniero, aunque fuese solo dos veces al año, en las vacaciones, que desde entonces me parecieron muy cortas. Incluso en mi capacidad de creación interactiva estuve como muerto hasta el año 2000. Bueno, no del todo, hice algunas cosas interesantes en el mundo de juegos masivos y de tablero, pero eso mejor lo cuento en otra ocasión.

La década, sicológicamente, se acabó con dos cosas: un nuevo amor que entró como un relámpago con un vestidito muy corto amarillo y la entrada del euro en el 2002. Recuero haberme levantado ese 1 de Enero muy temprano para ir hasta un cajero y sacar los primeros euros que circularon en San Fernando. Fui feliz entonces con la esperanza de una Europa Unida en mi bolsillo.