11.4.22

Fantaciencia y Cienciasía

 

Soy escritor de ciencia ficción y de fantasía. Me gusta leer obras de ambos géneros —cuando están bien escritos— y de tanto en tanto incluso fracaso con el tercer género de la tríada de la ficción especulativa, el terror, lo que completa mi viaje al lado oscuro de la literatura y el frikismo en general. Sin embargo, mentiría si no reconociese que de todos esos géneros mi favorito, con mucha diferencia es la ciencia ficción. ¿Qué es la ciencia ficción y cuáles son sus límites?

Si buscamos en la Wikipedia nos encontramos con:


“[…] Es un género especulativo que relata acontecimientos posibles desarrollados en un marco imaginario, cuya verosimilitud se fundamenta narrativamente en los campos de las ciencias físicas, naturales y sociales. […] Esta acción puede tener lugar en un tiempo pasado, presente o futuro, o, incluso, en tiempos alternativos ajenos a la realidad conocida, y tener por escenario espacios físicos (reales o imaginarios, terrestres o extraterrestres) o el espacio interno de la mente. Los personajes son igualmente diversos: a partir del patrón natural humano, recorre y explota modelos antropomórficos hasta desembocar en la creación de entidades artificiales de forma humana (robot, androide, ciborg) o en criaturas no antropomórficas. […]”


Si hacemos una búsqueda en internet encontramos otras definiciones igual de amplias y difusas, pero, para mí, la ciencia ficción se diferencia netamente de sus otras hermanas de ficción especulativa en que apela directamente a la racionalidad. Toda buena obra de ciencia ficción contiene un elemento al que me gusta llamar novum, que es la semilla del texto, el ¿qué pasaría sí…? del relato. El novum suele presentarse al principio de la obra y todo el texto se articula sobre las consecuencias de dicho elemento. Así en Yo, robot de Asimov antes de exponer ninguna historia nos explica la existencia de los robots y nos presenta las tres leyes, para luego poner a prueba nuestro ingenio explicando, relato tras relato, casos en los que dichas leyes parecen haberse roto sin que sea así realmente. En Ciudad permutación de Greg Egan, nos presenta una intrigante especulación filosófica sobre la ‘continuidad’ de la existencia, la persistencia tras la muerte y nos lleva de la mano hasta las conclusiones inevitables. Otras obras de ciencia ficción presentan un escenario con un novum, pero son más exploratorias que retadoras, como muchas de las obras de Úrsula K. Le Guin, tales como La mano izquierda de la oscuridad con sus hermafroditas o Los desposeídos con su descripción de una civilización anarquista.

El otro elemento que identifica la ciencia ficción es que se basa en el conocimiento más o menos actualizado del conocimiento científico y lo reta proponiendo un único elemento innovador, no lo subvierte. Se plantea preguntas como: ¿y si pudiésemos hacer una máquina del tiempo? ¿y si pudiésemos lograr que todos fuesen igual de ricos? ¿y si todos fuésemos inmortales?, para luego mostrarnos en forma de narrativa los resultados de esa pequeña diferencia. En La ciudad y la ciudad, de China Miéville, todo es exactamente como nuestro mundo, sin magia ni elementos sobrenaturales, excepto que la mitad de una ciudad ha decidido ignorar la existencia de la otra mitad, desde hace siglos. Como si en la Constantinopla recién tomada por los turcos, los bizantinos hubiesen decidido ignorar la conquista, y en la actualidad existiesen Constantinopla y Estambul a la vez, en el mismo lugar, calle junto a calle, con personas de ambas ciudades cruzándose, sin verse ni mirarse nunca. Esa es la clase de especulación que interpela a la mente, a la razón y que hace tan especial a la ciencia ficción.

Siempre se han distinguido subclases dentro del género, tales como: ciencia ficción dura contra blanda, y sobre todo se reconoce como algo diferente el space ópera, o sea la novela de aventuras con marco espacial. Sin embargo, últimamente, están apareciendo muchos libros —también series y películas— que yo personalmente no puedo considerar como ciencia ficción. Distingo dos clases a las que voy a llamar fantaciencia y cienciasía.


La más habitual es la fantaciencia, que consiste en escribir siguiendo las normas de la fantasía —ya sea épica, urbana o de cualquier otra clase—, dándole importancia sobre todo a la componente de aventura, pero usando como trasfondo tecnología muy avanzada casi prodigiosa, a menudo perdida, en lugar de magia o poderes místicos. La fantaciencia es literatura de fantasía, pero revestida con un hálito tecnológico —lo que importa en la mayor parte de esas obras no es la ciencia, una especulación sobre ella o el novum, sino los poderes que nos confiere la tecnología. El papel de las razas no humanas de la fantasía la adoptan aquí los robots o los ciborgs, el papel de la magia la adopta alguna clase de nanotecnología o biotecnología muy avanzada, el papel de los dragones o demonios lo adopta alguna clase de plaga apocalíptica o leviatanes cibernéticos descontrolados. Los protagonistas, como en mucha literatura de fantasía, tienden a ser jóvenes en búsqueda de su madurez, y hay, casi siempre, un enemigo formidable a batir.

Como tal la fantaciencia no me parece mal. Al leerla se percibe similar a novelas de fantasía épica o de los géneros hermanos como el steampunk o el dieselpunk. Como lector de fantasía, la disfruto, como escritor no me importa deslizarme por esa pendiente, aunque pienso que debería sincerarse como género, porque en demasiadas ocasiones la fantaciencia es lo que se oculta tras la etiqueta de ciencia ficción, por lo que acaba siendo decepcionante para un lector que ande buscando el reto de un novum, y el recorrido de una especulación científica o filosófica.


La cienciasía, sin embargo, se me antoja detestable. Obras como El problema de los tres cuerpos de Liu Cixin, se presenta como obras de ciencia ficción, son recomendadas por reconocidos personajes públicos e incluso copan los premios del género —esa obra en concreto ganó el Hugo en 2015 y el Ignotus del 2017—, pero no son ciencia ficción en absoluto.

Estas obras, aunque usan las técnicas narrativas del género y se presentan como tal, no contienen un novum razonable, sino que fantasean con ciencia alternativa, de forma completamente libre e incluso se podría decir que disparatada. Estas obras comenten errores de bulto que no son fruto de una intención especulativa sino de puro desconocimiento o simple desinterés por la ciencia como tal. En la obra mencionada, por poner un ejemplo, se presenta en forma de novum la existencia de una civilización extraterrestre en un planeta que forma parte de un sistema estelar ternario sometido a la irregularidad del mencionado problema de los tres cuerpos. A lo largo de la novela se acaba situando dicha civilización en Alfa Centauri, lo que es en sí mismo un disparate pues —como una investigación de cinco minutos aclara— dicho sistema estelar no se encuentra en un estado errático y aleatorio. Durante el resto de la novela, poco a poco de acumulan errores cada vez más esperpénticos, hasta que se alcanza el sumun con la impresión de un computador en la superficie de un neutrón.

No resulta difícil ver que el autor ha montado un pastiche con elementos matemáticos y científicos que le han parecido chulos para juntarlos en un desparrame conspiranoico, y hacer así una novela de sectas con justificación seudocientífica. Un libro que debería ir a la estantería de los bestsellers de peor calidad junto a las historias sobre los catones, las búsquedas del grial o de la Atlántida; y que sin embargo se ha colado en los Hugos y los Ignotus.

La cienciasía es irrespetuosa con la ciencia y su influjo se siente ya en las series de ciencia ficción, que comentan errores de bulto con cosas como las escalas interplanetarias, los tiempos de transmisión en las comunicaciones, etc. Lo peor de todo es que esta clase de errores de bulto se pueden evitar realizando una investigación que, en nuestro mundo interconectado, no requieren ni una hora de trabajo. Pero lo cierto es que a los autores de cienciasía eso les da igual, porque tienen la mente llena de seudociencia y lo único que les interesa es lo chulo que queda poner frases como alcanzado por un frente de longitudes de onda o interferencia cuántica binaria, tengan o no tengan esas expresiones algún sentido.

21.12.21

Resumen anual

 

Va siendo hora de hacer el resumen anual, aunque este año no hay mucho que contar. 

El único resultado concreto es el que veis a la izquierda: una nueva edición de las historias de Dayne Slayton, que podéis encontrar en mi tienda de Amazon. El texto ha sido revisado muchas veces, parcialmente reescrito, algo ampliado y sobre todo profusamente corregido y remaquetado. Noa Velasco ha tenido mucho que ver con que el libro haya quedado con un acabado soberbio. Si necesitáis un corrector, un maquetador, un diseñador de portada, en fin, cualquier cosa, no dudéis en contactar con él. Hace un trabajo excelente. 

La portada, como en mi anterior libro, es de Cecilia G. F. a la que tuve la suerte de pillar a principios de año en uno de sus escasísimos huecos para que me dibujase la imagen que veis a la izquierda de la dama de rojo.

Aportación personal es un libro antiguo. Sus primeras versiones tienen casi veinte años. Comencé a escribirlo no mucho después de que regresase a la escritura, en el 2001. El primer borrador lo terminé en 2004. Durante estos años he ido regresando al texto de forma reiterada, aunque nunca he cambiado el núcleo de la historia. He respetado su espíritu y mucha de su prosa. Esta vez hemos incluido en el libro un relato completamente nuevo que sí tiene una muestra de mi prosa actual: Lena llega a Loytas, que completa el mundo del espacio puerto desde una perspectiva diferente: desde la visión de los que están allí para correr.

Todo el escenario y, en realidad, la propia historia de Dayne nacen de un juego de tablero que cree en los noventa. El juego es de simulación detallada, bastante rolero, profuso en detalles, pero la mayor parte del tiempo se juega de manera ágil, decidiendo velocidad y altura de las naves, escogiendo una ruta para cada turno y haciendo una única tirada con dos dados de seis caras. El juego no es muy complicado en apariencia, pero engancha y los jugadores suelen acabar complicándose con el diseño de sus voladoras. Fue un éxito en todas las jornadas al que lo llevé, aunque no logré que lo publicasen.

Este juego a su vez estaba basado en mi juego de rol favorito (y del que tengo casi todas las versiones que se han hecho): TRAVELLER. De hecho la ficha de Dayne estuvo junto (con un dibujo de ella que hizo mi hermana) en uno de los libros (el de personajes) de la primera versión en español, Uno que parece que he perdido en alguna de las mudanzas.

¿Y el resto del tiempo? Pues no mucho este año, 

  • He estado reescribiendo el texto del nanowrimo del año pasado, María, y espero que a lo largo del 2022 llegue a ser un libro publicable.
  • Varios amigos me dijeron que querían probar a hacer el nanowrimo este año, así que me embarqué en ello, aunque había pensado en no hacerlo. El resultado ha sido las primeras cincuenta mil palabras del primer libro de Meia sobre las aguas, que para mi sorpresa parece que va a ser un libro de casi ciento cincuenta mil. Mucho más largo de lo que me había planteado hacer.
  • Pero, sobre todo, he escrito cuentos y bocetos de cuentos para diversos talleres y cursos. Un total de unos cuarenta, casi todos cortos, a excepción hecha de Lena llega a Loytas y de varios cuentos más de similar extensión que he terminado entre octubre y noviembre. Uno de los cuentos de taller ha tenido cierta apreciación: Papeles de tránsito, un relato de fantasía oscura con un toque de antiromántica. No sé explicarlo mejor, es preferible que lo leáis vosotros mismos. El relato en sí es una improvisación más o menos afortunada, fue escrito durante uno de los talleres de Alicia de los viernes, en cuarenta minutos. Este mismo cuento fue el seleccionado para la antología del taller de este año. Algunos de estos relatos cortos tienen elementos en común y podría montarse un libro de relatos con ellos. Ya veremos si me pongo en ello.
  • Durante el verano me embarqué en crear unos prototipos de print and play para presentarlos a una convocatoria de juegos de mesa. Estuve trabajando en tres prototipos, pero solo hice uno nuevo al tiempo que remodelaba Ananké. Al final envié este último que aunque no obtuvo ni una mención en el fallo de concurso. Al menos quedó bastante más equilibrado tras las sesiones de pruebas que hicimos. Podéis encontrar la nueva versión en el enlace anterior.
  • En ficción interactiva este año no he hecho nada, empecé una obra para la Ectocomp, pero en esas fechas estaba demasiado pillado por varias cosas de escritura no interactiva y lo abandoné al poco de empezar.
Y nada más. Como podéis ver no demasiadas cosas. Este año ni siquiera he intentado enviar cuentos a convocatorias. A ver qué tal se da el 2022.

29.7.21

Exhalación

Esta segunda antología de Ted Chiang me ha gustado significativamente menos que la primera 'La historia de tu vida', pero contiene un relato (el que le da el nombre a la antología) que me parece tan soberbio que por si mismo justifica comprar y leer esta selección de relatos.

El relato en cuestión 'Exhalación' es una deliciosa alegoría sobre la entropía y la muerte térmica del universo. Pero no nos adelantemos, más adelante haré una revisión de cada uno de los relatos de esta antología, hablamos del libro en su totalidad primero. Las mecánicas narrativas de este segundo libro no son muy diferentes a las del primero: se escogen en muchos casos mundos no ya improbables, sino directamente imposibles y se les da carta de realidad para ilustrar acertadamente una reflexión filosófica que el autor quiere hacer. La recreación de estos mundos es detallada, certera y en muchos casos compleja, así que, ¿por qué el conjunto me convence menos? 

El primer problema es que no hay ningún cuento con tanta diversidad de puntos de vistas (y por lo tanto con una perspectiva tan completa) como era el relato '¿Te gusta lo que ves?' de la primera. En segundo lugar algunos de los relatos (como la recopilación de micros de papagayos), me parecen casi una broma, o al menos una guasa de poco calado que no lleva a nada. Pero el principal problema es que los temas dominantes de esta recopilación no me interesan demasiado: el libre albedrío y la crianza de los niños.

Hace muchos años que me convencí de que el libre albedrío no es más que una ilusión. Entiendo que para los que aún están reconciliándose con tal idea darle vueltas al asunto les parezca fascinante, pero a mí me tiene cansado y me aburre sobremanera. En cuanto a la crianza, ni tengo hijos ni voy a tenerlos, así que es un tema que me da totalmente igual.

Pero veamos los cuentos que incluye esta antología:

  • El comerciante y la puerta del alquimista: me cuesta imaginar un viaje en el tiempo invariante (supongo que porque, aunque no creo en el libre albedrío, sí estoy convencido de la interpretación de la cuántica de múltiples mentes y múltiples mundos), pero la recreación del tono de las mil y una noches me parece fascinante y muy bien lograda. Si lo tomo no como ficción filosófica especulativa, sino como un relato de fantasía, no puedo más que aplaudirlo.
  • Exhalación: este relato me parece maravilloso, la descripción de un mundo totalmente mecánico, impulsado por la diferencia de presión (paralelamente a la que el incremento de entropía mueve el nuestro mundo biológico) es simplemente perfecto, una excelente alegoría y un interesante puñetazo para aquellos que no se hayan dado cuenta de que nuestro universo es un sistema cerrado condenado (en principio) a la muerte térmica. Lo aplaudo todo de este relato excepto la explicación que el mismo autor da de su fuente de inspiración: la explicación que da Penrose de la entropía. Eso es triste porque la explicación de Penrose me parece simplista y equivocada.
  • Lo que se espera de nosotros: este relato me aburre porque se recrea en un sentimiento que yo no tuve y que siempre me ha parecido absurdo: la idea de que la inexistencia del libre albedrío es un problema. Cuando llegué a esa conclusión hace ya muchos años para mí resultó un alivio, las piezas encajaban y me podía quitar de encima el problema de la 'esencia' volitiva, no un problema. La forma del relato (como una nota de aviso) está bien, pero el relato no tiene mucho más allá.
  • El ciclo de vida de los elementos software: este relato es larguísimo, hasta el punto de constituir una novelle casi independiente. De hecho creo que ganaría siendo publicada por separada. A mí se me hizo demasiado larga, tal vez porque el tema de los derechos de las AIs y de la crianza no me interesan nada. Eso sí, está impecablemente escrito, sobre todo están bien conseguidas las diversas voces.
  • La niñera automática: he de confesar de que no tengo ni idea de cuál es el interés de este relato, de hecho me parece que desluce mucho la antología.
  • La verdad del hecho, la verdad del sentimiento: me parece muy interesante el tema de cómo cambia nuestro pensamiento a medida que le aplicamos diversas soluciones tecnológicas, y el doble relato sobre la oralidad y la memoria me parece muy bien escogido. Sin embargo me resulta muy difícil de creer la historia del protagonista, que me parece demasiado forzada.
  • El gran silencio: no me gusta nada este relato, me parece conceptualmente muy inferior a los demás.
  • Ónfalo: este relato es como el de los golems de la anterior antología, toma visiones incorrectas, mundos imposibles, las hace reales, tangibles y luego lo usa como punto de partida para reflexionar sobre ellas. Está bien, aunque el tema 'dios y la creación', no me interesa nada y darle  juego al creacionismo me parece simplemente mala idea.
  • La ansiedad: este relato es interesante, es una pena que la base del relato (la interpretación cuántica de los múltiples mundos) sea incorrecta. Incluso suponiendo que los prisma se pudiesen fabricar, a cada lado de la división inicial de mundos la líneas temporales se irían igualmente separando, si no hubiese interacción entre ellas, lo que provocaría que la visión del prisma se haría difusa e inútil con el tiempo. Por otra parte hay intercambio de información entre ambos lados, así que sí que hay interacción entre ambas líneas, así que en definitiva son la misma línea y el prisma no sería más que un espejo vulgar. Al final el relato solo puede ser una especulación mediante técnicas de fantasía mágica, sobre el arrepentimiento de las decisiones tomadas, no llega más allá.

23.7.21

La historia de tu vida

 

Hace pocos días me he terminado esta antología de Ted Chiang y resulta lo bastante interesante como para dedicarle un artículo. No solo interesante por la calidad literaria (que es excelente), sino por lo que estos cuentos son y sobre todo parecen representar.

El libro me ha recordado a uno de mis libros favoritos de los últimos tiempos 'Diez planetas' de Yuri Herrera. Como le pasaba ya a esa antología esta de Ted Chiang es presentada como 'ciencia ficción' (de hecho su segunda antología Exhalación viene 'decorada' con una fajilla que dice cosas como 'y tú que creías que no te gustaba la ciencia ficción'), cuando no son tal cosa. Ambas antologías son de ficción especulativa (no voy a discutir eso), pero ninguna de los dos encajan muy bien en ninguno de los géneros o subgéneros que habitualmente se incluyen en ella. Ambos autores usan los 'modos' e incluso muchos tropos de la ciencia ficción, pero sus obras apenas especulan sobre una ciencia (ni dura, como física o matemáticas, ni blanda, como sociología), sino que se trata más bien de ficción filosófica o ficción especulativa filosófica.

En el caso de Yuri Herrera el entronque con los relatos de Borges me resulta evidente, en este caso la relación es más sutil (aunque el mismo autor introduce él mismo una referencia al genial argentino en uno de sus cuentos), y eso es porque la especialidad de Ted Chiang parecen ser la especulación mitológica. Toma algún mito (antiguo o moderno), lo imagina absolutamente real y muestra sus consecuencias con técnicas de realismo especulativo similares a los de la mejor ciencia ficción. Pero mejor analicemos cuento a cuento.
  • La torre de Babilonia: en este cuento el autor toma un mito (el de la torre), le añade detalles de cosmografía imaginada por los sumerios y añade una pizca de modernidad imaginando una topología cuatridimensional cilíndrica o toroidal, supone que todo eso es real y lo muestra con sencillez. Me parece una elección excelente porque desde el primer momento te pone frente a lo que esta antología es: un conjunto de mitos recreados sobre todo para mostrar lo asombroso que resultan.
  • Comprende: este es el cuento que menos me gusta del libro, tal vez porque hay varias creencias (o esperanzas) del autor que simplemente no puedo compartir. Muestra un mito que en este caso sí parece desear creer, el de Dune, el del poder ilimitado de la mente humana y la autoconsciencia, y el efecto es mucho más pobre a mi modo de ver. Además en este relato recurre a su formación de informático y hace referencias a elementos de programación y similares que no parecen adecuados.
  • Dividido entre cero: como antiplatónico absoluto este relato me hace bastante gracia. El relato va del mito de la 'existencia platónica real de las matemáticas'. Una matemática platónica ferviente encuentra una demostración de que las matemáticas son arbitrarias y pierde el gusto por la vida. 
  • La historia de tu vida: este relato da nombre a la antología y dio lugar a la película 'La llegada'. Me parece uno de los mejores relatos del libro, sobre todo porque se aparta de la frialdad intelectual que domina a los demás y se deja llevar por los sentimientos. La forma es estupenda, sobre todo el uso de los presentes-pasados-futuros, unas formas verbales normales pero usadas de manera extraña y magistral. El mito subyacente al relato es la posibilidad de la existencia de seres con una visión temporal no lineal o no causal, vamos lo mismo que en Matadero 5,  o que en muchos episodios de Deep Space 9 de Star Trek. Aunque el relato me parece excelente, a mi modo de ver fracasa en su intención principal, la de materializar el mito de la no causalidad, porque como en las otras obras mencionadas tienen que recurrir finalmente a narraciones lineales perfectamente ordenadas en el tiempo para que el lector la lea con comodidad. Lo entiendo, pero abarata demasiado el tratamiento del tema a mi modo de ver.
  • Setenta y dos letras: este relato de fantasía es maravilloso, pero sobre todo en su worldbuilding de fantasía. Tratarlo como si fuese ciencia ficción me parece disminuir su valor. Aquí el autor juega con el mito del golem y varios mitos más como el vitalismo, la generación espontánea y otras cosas locas que se creían en el siglo XIX. El resultado es un mundo muy alejado del nuestro en sus bases, aunque casi idéntico en su superficie, que resulta absolutamente coherente y lógico. Me parece una maravilla. No es mi favorito por muy poco.
  • La evolución de la ciencia humana: es mucho más corto que los demás, lo que realmente me gusta (en general me resultan un poco largos los cuentos de esta antología, casi como mini novelas) y no solo es creíble, sino que me parece el cuento más de ciencia ficción tradicional de todo el libro. Muy aconsejable (aunque no original, me recuerda demasiado al relato de Asimov sobre el redescubrimiento de la aritmética).
  • El Infierno es la ausencia de Dios: probablemente por el tema este relato me aburre y me deja frío, pero reconozco que está muy bien hecho, es certero y va directo a la yugular de las creencias (yo no tengo de eso, así que tal vez por eso me aburre). En este caso el mito es dios o más concretamente los ángeles y sus advenimientos al mundo.
  • ¿Te gusta lo que ves? (Documental): este es sin duda mi preferido de todo el libro. Me encanta su tono fragmentario y de documental americano (casi puedo ver los rotulitos en la parte de abajo de la pantalla y los escenarios universitarios en los que supuestamente ocurre). La especulación en este caso es perfectamente legítima y encima muestra el asunto casi desde todos los puntos de vista posibles dándole en cada caso un tratamiento perfectamente creíble. Un diez, no os lo podéis perder.
Aunque el libro me parece estupendo me preocupa un poco lo que representa. Me da la sensación de que el desinterés general en la ciencia (y más en los USA), está desdibujando el límite entre la ficción especulativa de base científica y otros géneros más fantásticos. Hace no mucho leí una 'reseña' que volvía a tratar 'El problema de los tres cuerpos' como hard SF y eso me tiene muy preocupado.

Mes siete casi ocho

No he escrito literalmente ningún post en todo el año. Desde que empezó este 2021 he estado descolocado en cuanto a la escritura, en parte es por los cursos que he tomado, en parte porque me estoy preocupando más por cuidar mi salud, pero en general es que mi dinámica de escritura (y mis horarios) se han desajustado bastante. 

He estado haciendo cosas (además de bajar peso y caminar mucho hasta lesionarme un tobillo), incluyendo versiones nuevas de un par de protos de juegos de tablero, mucha revisión de cuentos viejos y la reescritura de Anexo Personal

Sí, creo que va siendo hora de darle un lavado de cara a esta novela corta y estoy reescribiendo las partes que me parecen más flojas. Ya he encargado una portada nueva y quiero darle una maquetación honrosa. No creo que la ponga esta nueva versión a vuestra disposición hasta navidades o algo antes. Servirá para conmemorar mi primer cumpleaños pasada la cincuentena.

He estado leyendo bastante, así que tal vez comience una serie de reseñas detalladas de algunos de los libros que me parezcan más interesantes. 

Lo más importante que tengo entre manos espero que esté disponible para el 2022, así que de momento no voy a contaros nada, que no me gusta mucho eso de generar expectativas. 

24.12.20

El año cincuenta


Hoy cumplo los cincuenta años, así que va tocando el habitual repaso anual de resultados. ¿Qué he hecho este año a parte de cumplir cincuenta años?

Lo más importante que he hecho, sin duda alguna, es dejar el trabajo de ingeniero. Me dieron la oportunidad de dejar el puesto que tenía en mi empresa a cambio de una indemnización considerable y cogí la oportunidad. Desde marzo estoy de vuelta en San Fernando, disfrutando de una paz que incluye escribir varias horas a diario y cultivar mis propias hortalizas. Hay algo mágico en recoger los huevos de tus gallinas o hacer un arroz de verduras usando el ajo, las habichuelas y las zanahorias que tu mismo has plantado, regado y cuidado. ¡Y saben mejor! También hay algo mágico en lo de sentarse cada mañana (después de un desayuno preparado con tus propias manos y disfrutado relajadamente, sin prisas) a poner en palabras una historia que nunca antes ha existido, a darle vida a unos personajes que tan solo existían en mi cabeza.

Supongo que lo segundo a resaltar sería que, por fin, este año he autopublicado Cuentos de Hierro y Pólvora, la primera entrega del universo de los Colonos de Tulgia. Le tengo especial cariño a este mundo y a estos personajes. Tanto a los que aparecen en estos cuentos como a Héctor el Inquisidor, que ha surgido como el reflejo interactivo de las Viejas Tierras de Sisebuto Sáez, Suyán Flores o Jenere Ágeva de Castro. El proceso de preparar esta primera entrega de Tulgia ha sido complejo. No solo he tenido que buscar a los profesionales que me han ayudado a darle forma con las correcciones, maquetaciones e ilustraciones, sino que he tenido que obligarme a imaginar con cuidado y detalle, muchos aspectos de aquel mundo que eran poco más que nieblas informes en mi mente. Ahora tras los cuentos hay todo un elaborado conjunto de historias, desde el punto Jonbar escogido, hasta la genealogía de cada personaje, así como la línea histórica detallada de esa dimensión paralela. Todo lo cual, por supuesto, no está en los cuentos, pero que espero que disfrutéis, ahora que aquellos relatos frutos del nanowrimo de 2015, tras cinco años, son un libro de verdad con sus tapas y sus ilustraciones internas.

Hay una segunda noticia editorial con relatos míos en su interior. Bubok nos ha escogido como parte de sus proyectos de publicación, y, muy recientemente, ha puesto en línea una nueva versión de Ni en un millón de años. Nos han hecho una revisión interesante de los cuentos así como una nueva maquetación que, sinceramente, creo que ha quedado francamente bien. Ahora los mensajes que reciben mis tripulantes del Agni Kalpa se ven bien chulos y resaltados. Esta gente de Bubok se ha portado bien con nosotros y ha soportado nuestras indecisiones sobre la portada (no ha quedado mal con el careto de Elisa, ¿no?). Además se han currado bastante la distribución, y ahora, además de poder encontrarlo en la página de Bubok, podéis encontrarlo en Amazon o en la Casa del libro. Creo que incluso se va a poder encontrar en alguna librerías, pero no tengo el detalle de en cuáles o cuándo. ¡Los que no tuvieseis la versión previa espero que disfrutéis con esta renovada versión! Es muy recomendable. Son un buen montón de cuentos de ciencia ficción de autores con los que estoy teniendo la suerte de compartir muchas tardes de charlas y reflexiones. Tal vez muy pronto os traigamos más noticias interesantes desde este frente.

He escrito muchas más cosas durante este año sobre todo para diversas convocatorias. Hagamos un repaso. Lo primero que escribí fueron 'Aguas verdes', un relato para la convocatoria de Bajo las aguas de Dorna. No gustó lo bastante. No me extraña, tenía bastantes defectos. Tal vez salga en otra antología una nueva versión en la que estoy trabajando el año que viene. Eso sí mi amigo David lleva un excelente relato en ella, ¡no dudéis en echarle un vistazo! Después escribí 'Juntos en el fuego' para la buena gente de la PAE y en esta ocasión quedé finalista. Los estupendos libros que me han mandado de premio ya están en mis estanterías. Para el visiones mandé 'Lo normal', una historia sobre lo que consideramos inaceptable y cómo lo tratamos, en tono de cyberpunk ligero o ciencia ficción social de futuro cercano.

Para ediciones el Transbordador escribí 'Puerta de caracol', que, sinceramente, me parece la cosa más bonita que he escrito este año. Una novelette que transcurre a finales del siglo XXI, pero que podría transcurrir ahora mismo o en un pasado no muy lejano. Me gusta tanto que aunque no fue seleccionada ya la he mandado a otra convocatoria y si no queda seleccionada seguiré intentándolo una y otra vez. Es una obra que creo que merece aparecer en alguna parte aunque sea poca cosa.

Para el Domingo Santos escribí un relato gamberro titulado 'Echo de menos las medianoches'. Para el de Mitopoiesis mandé una versión revisada de 'La rendición de Innana'. He mandado cuentos a varias convocatorias más, así como microrelatos y una novelette más a otra convocatoria que no voy a decir título ni tema ya que aún no han salido los resultados.

Y como estoy así de loco no solo estoy apuntado al taller de Alicia y al master de escritura narrativa del Hotel Kafka, sino que encima me metí en un reto de nanowrimo este año y en él he escrito otra novelette más: 'Un informe sobre María'. Ahora mismo la estoy revisando con los betas, así como con el maravilloso Noa que siempre recomendaré para lo que sea que necesitéis de lectura, revisión o corrección. ¡No dudéis en contratarlo! 

Entre una cosa y otra estoy escribiendo entre dos y tres cuentos semanales, y para colmo de males hasta me estoy atreviendo a escupir poemas que Planseldom seguro que encontraría desastrosos. 

Me falta explicar porqué Layna está en la foto de cabecera. Sí es Layna, sí. Por fin he sacado del cajón sus cuentos y les estoy dando forma. No tiene mala pinta, creo que a finales del 2021 tendré una versión aceptable que ella podría considerar dignos de ser leídos. Si ella leyese algo, claro. Con suerte en el 2022 tal vez tengáis con vosotros relatos de la cyborg más borde y sus camaradas, relatos nuevos y, espero, que más fundidos y destripantes.

23.12.20

Cinco décadas y cinco lustros (5)

 

Para cuando empezó esta última década, pensaba que había encontrado un nuevo equilibrio. Me había acostumbrado a caminar al menos una hora, cada vez lo hacía más rápido y todos los viernes me cruzaba Madrid desde el trabajo hasta mi casa: unos veinticuatro kilómetros. Ya ni siquiera tenía que pararme a descansar después de hacerlo. Cruzaba la ciudad y tras una ducha rápida salía a hacer la compra de la semana. Empecé a hacer planes a más largo plazo, en los que estaban incluidos esos viajes que nunca había hecho (aún estás pendiente Santorini, ya veré las laderas de Atlantis, ya las veré) y me permití hacerme ilusiones con nuevas personas. Incluso llegué a quedar con las viejas ilusiones del pasado para bromear de las cicatrices que el amor había dejado.

La empresa y la oficina seguía en plena reconversión, pero, al menos, estaba tirando líneas de código de nuevo (lo que siempre me ha ayudado, crear me da la vida, ya sea una novela, un juego o un programa corporativo) y trabajando en temas de innovación con gente que merecía la pena. Hicimos un proyecto que me pareció importante para la compañía (que, por supuesto, cerraron sin contemplaciones) y luego creamos el germen de una herramienta que no me pareció tan interesante, pero que se ha quedado ahí, y sigue dando servicio a una parte de la empresa después de diez años. A lo largo de mi carrera profesional he estado en la semilla de varias de esas herramientas y algunas se han quedado ya como parte de la compañía. Me satisface pensar que varias de ellas siguen funcionando y ayudando tras cinco lustros.

La cosa se torció primero en la parte personal. Cabía esperar. En aquellos momento estaba bastante ilusionado con una antigua amiga. Nos llevábamos (creía yo), cada vez mejor, la conversación fluía y pensé que esta vez... Me pareció que aquello podía funcionar. Cuando me enteré de que había roto con su pareja (una relación de muchos años que parecía bastante fuerte), la llamé y estuvimos hablando bastante. Yo estaba en ese momento en Cádiz, así que no pude hacer por verla, y para cuando llegué a Madrid descubrí que había dejado su relación anterior, sí, pero que ya se había unido a otra persona. Me sentó bastante mal y empecé a comer. Intenté controlar el peso manteniendo el esfuerzo físico, incrementándolo, pero lo que logré fue joderme la rodilla primero y luego los tobillos.

El trabajo volvió a cambiar y aunque tuve un pequeño periodo de brillantez (sospecho que mi cima en la compañía), ni dos años más tardes la compañía se volvió a revolver y en esta ocasión todo apuntaba ya hacia el final de la única empresa en la que he querido estar. La cosa no pintaba nada bien y la báscula me devolvía cifras cada vez más aterradoras.

Me salvó la escritura. A finales de la década anterior ya me había apuntado al Nanowrimo del 2009 para forzarme a terminar una vieja historia que me interesaba particularmente (Mundo de Cenizas) y desde entonces esta cita anual con la creación desaforada me ha ido dando la vida.


Muchos de estos libros, en particular los del desierto nevado, no creo que vean nunca la luz, pero han servido para que, poco a poco, me acostumbre a un ritmo continuado y firme de escribir, para que lime las asperezas de mi prosa y descubra lo que me gusta o sé escribir.

El periodo del 2014 al 2016 ha sido mi último periodo de felicidad. En esos tiempos volví a un laboratorio de innovación, de la mano de un jefe-amigo, un tipo excepcional y rodeado del olor al estaño de soldadura. Un tiempo genial con una gente maravillosa, creativa y currante a más no poder. Creamos muchas cosas nuevas e interesantes en ese tiempo, y por supuesto para finales del 2016 la compañía ya lo había chapado. Al menos de ese tiempo he sacado Cuentos de Hierro y Pólvora, lo mejor que he publicado, creo, hasta el momento. Desde entonces todo ha ido a peor hasta el principio de este año. 

Me he estado arrastrando este último lustro, esperando a que algo cambiase y sintiéndome muy atrapado.  No todo fue malo, estuvieron las Sillyberrys, pero me supo a poco a muy poco, y ni siquiera la comunidad de ficción interactiva parecía ni remotamente interesada en ellas.

Hace dos años murió mi padre por un cáncer cerebral que se lo llevó en pocos meses, y eso me dio una perspectiva nueva de todo. Empecé a echar cuentas y en cuanto la compañía me dio la oportunidad de marcharme a cambio de una considerable compensación, acepté sin pensarlo más.

He dejado atrás Madrid, mis fracasos amorosos, mis horas eternas de oficina, la frustración de sentirme de poca utilidad en este último lustro y ahora estoy de vuelta a mi ciudad de nacimiento. Escucho el silencio por la ventana. Siento de nuevo la amigable fiereza del Levante en mi cara. Siembro hortalizas en el patio de atrás. Hago repostería. Y, sobre todo, escribo. Todos los días, más de tres horas, y por fin siento que podría estar haciendo esto durante el resto de vida. 

Los cinco lustros que quedan.