27.11.14

Majid. 20

Día Décimo tercero del mes Sagrado del año 208

La visión de ayer no se ha disipado del todo y eso me preocupa. Esta mañana, cuando regresaba de mi caminata por el campo, Azfal estaba charlando con Abdul en el borde del Pozo. Comentaban algo de que el agua de las Lágrima se había reducido aún al caudal habitual para estas fechas del año. Me acerqué a saludar, primero porque quería hablar con Abdul sobre la posibilidad de buscar unas tierras donde asentarme en Yarim – si voy a considerar la posibilidad de pedir la mano de Djamila, debo conocer en qué lugar podríamos vivir, ella se merece una casa digna y no muy diferente a las del resto de las esposas de Yarim- y en segundo lugar porque quería sacar de mi cabeza de forma definitiva mi visión de ayer. El resultado fue el contrario.

Estaba bastante nervioso, impactado por la visión de Azfal como el Señor de la Noche, como un demonio, y eso debió influir. Estaba predispuesto y la ensalada del alma, coge mis miedos y mis predisposiciones y las pone no sólo en la superficie, sino fuera, enfrente de mí. En cualquier caso, cuando me paré delante de los dos con intención de saludarlos los ojos de Azfal me parecieron completamente negros. Sin iris, ni pupila, o como si todo el ojo fuese una pupila negra como la noche. A punto estuve de desmayarme allí mismo, suerte que pude contenerme por un poco. Hablé con los dos, e incluso Azfal me felicitó por la idea de quedarme en el pueblo, mientras hacía toda clase de bromas desenfadadas. Pero sus ojos no dejaron de ser negros como la pez en ningún momento. Llegué a pensar que de alguna manera podría ser ‘verdad’, pero Abdul no mostraba ninguna señal de estar viendo nada extraño en el cantante.

Esta tarde se lo he contado a Massud, que me ha confirmado que es producto de mi imaginación y mi temor. Me ha recordado que justo cuando conocí a Azfal fue cuando estuve en el templo que tanto me asustó, así que mi mente de alguna forma ha decidido proyectar mi miedo en él, el más raro de los habitantes del Valle de las Ruinas.

Le he preguntado si no podría usar sobre mí mismo la hipnosis para calmar los temores cuando se vuelven en visiones tan vívidas. Me ha dicho que no, que no podría, aunque supiese realizar una hipnosis, que no sé. He insistido un poco y me ha dicho que en cualquier caso la parte de la hipnosis del tratamiento requiere conocer los rudimentos de una hechicería, la de Ilusión, y he tenido que reconocer que de hechicería no tengo ni idea.

Creo que por darme gusto hemos pasado el resto de la tarde, hablando de magia, y en concreto aprendiendo algunos pases de manos básicos, así como las doce clases de entonaciones simples de mantras de hechicería. Así he descubierto que no sólo no tengo ni idea de todo eso, sino que además no se me da muy bien.


Día Décimo sexto del mes Sagrado del año 208

Ahora conozco completamente la fórmula del primer bebedizo que Massud me dio, y además creo que lo entiendo. La verdad es que resulta en extremo ingenioso. Varios de los componentes podrían provocar la muerte, pero están compensados por otras plantas que son justamente los antídotos de los venenos de las primeras. De esta forma se logra dejar tan sólo el efecto deseado, que está presente en las plantas venenosas, y en ninguna otra planta.

Una compensación inadecuada en los antídotos, podría llevar a una muerte segura, o si no al menos en terribles dolores, el método para lograr este equilibrio es también ingenioso, una última hierba se usa como indicador en la mezcla durante la cocción. Su papel es simplemente detectar la presencia activa de los venenos, ya que cambia de color rápidamente ante un desequilibrio entre el veneno y su antídoto; de forma que la forma que el doctor, debe estar presente y muy atento a la cocción para requilibrar durante la misma la cantidad de ambos grupos de plantas.

Jamás había visto un procedimiento como este, y depende completamente de las hierbas marcadoras. Sólo alguien con una increíble experiencia podría haber discernido este procedimiento. A mí no se me hubiese ocurrido nunca.

Como estaba claro que no tenía ni idea del procedimiento, Massud ha empezado a enseñarme qué plantas se pueden usar como marcadores en una cocción y porqué. Hay muchísimas más de las que hubiese imaginado, para detectar gran cantidad de sustancias y su proporción, eso sí, bajo una paciente y atenta mirada.

Con permiso de Massud he estado apuntado todo lo que me ha ido enseñando en mi cuaderno sobre hierbas. Al final va a quedar algo bastante interesante.

Echo de menos a Djamila. A ver si regresa pronto.

Día Décimo séptimo del mes Sagrado del año 208

Hoy he conseguido hipnotizar a una gallina. Massud dice que es el animal más fácil de hipnotizar, así que me he puesto a intentar lo que él me había enseñado y efectivamente he podido. Es sorprendente ver a una gallina completamente paralizada dejándose coger, trasladar, acariciar. Y sin machacarte a picotazos. Massud dice que haciendo esto es mucho más sencillo sacrificarlas. Me imagino, pero me sentiría un poco mal. Es como abusar un poco. Claro que en realidad no he matado muchas gallinas en toda mi vida. Cuando se lo he dicho, Massud se ha reído y me ha dicho que más me vale casarme con Djamila en cuanto ella regrese.

Hoy hemos estado un poco vagos, y la tarde la hemos pasado jugando al djerek. Massud me ha enseñado lo que se llama el ‘juego del asesino’. La pieza en cuestión me parece demasiado débil, pero Massud me ha enseñado su verdadera fuerza, como trayéndola y sacándola del tablero, puede desestabilizar completamente la posición del contrario, mi posición, y abrir paso a las piezas más importantes justo hasta el centro del campo de batalla.  Muy interesante. El djerek tiene tantas maneras diferentes de ser jugado, que más bien parece una metáfora del mundo y una con un secreto bien guardado entre sus piezas.

Está claro que la falta de Djamila me pone filosófico.


Día Décimo noveno del mes Sagrado del año 208

Hoy cuando me he despertado me ha parecido escuchar a Djamila en la cocina, en la parte de las mujeres. Sin pensar he asaltado la cocina, pero no era ella, sino una vecina que tiene una voz parecida. Lo peor es que con las prisas no me había puesto los pantalones. Se han reído a gusto de mí. Durante todo el día no han parado los comentarios y las puyas.

Aun así me he quedado en casa. Ayer Massud me subió la dosis de cactus y me siento un tanto mareado y confuso. Además le prometí que le llevaría una copia en limpio de mis dibujos del corazoncillo muerto y entre la vergüenza y el mareo me ha llevado todo el día.


Día Vigésimo del mes Sagrado del año 208

Massud tuvo muchísimas alabanzas para mi trabajo con los pinceles y las tintas. Siempre se me ha dado bien. ¿Debería haber sido escriba en lugar de hakin? ¿Pintor tal vez? No pintor no, apenas se ganan la vida y siempre están a merced de sus mecenas. Pintor no. Pero el oficio de escriba no está mal. No se corren peligros y los hechiceros siempre están dispuestos a pagar un buen dinero por una buena copia de un grimorio famoso. De hecho creo que pagan fortunas por grimorios famosos tanto si son verdaderos como si no.

Con los intentos de Massud de enseñarme hipnosis ha quedado claro que no estoy dotado para la magia. ¿Cómo debe sentirse uno invocando los poderes del mundo mediante la hechicería? Una vez vi a un hechicero dar un espectáculo con las llamas del fuego de la chimenea de una taberna allí arriba en el valle. Era un hechicero de poca monta, claro, los magos de verdad hacen cosas mucho más peligrosas con el fuego; pero aun así quedé fascinado por la forma en la que las llamas parecían obedecerle completamente. ¿Qué razón habrá tras la afinidad con la magia? ¿Por qué algunas personas, sobre todo hijos de otros hechiceros parecen conocer las palabras y los movimientos casi sin estudiarlos y sin embargo otros como yo parecemos negados para todo el arte hermético? De nuevo, volvemos a la herencia, a lo que se pasa de padres a hijos y de estos a los nietos. Hay secretos profundos en esta herencia que no conocemos y que me gustaría comprender si logro superar mis treinta años.


Día Vigésimo tercero del mes Sagrado del año 208

Hoy ha regresado Djamila. Estaba regresando desde casa de Massud, cuando la he visto caminando por uno de los caminos que llevan al Pozo junto a Jalal y el resto de los que se habían ido con ellos. No pensé. Ni siquiera tuve celos de Jalal al verlo junto a ella. Simplemente nada más verla estaba corriendo por los prados y saltando muretes separadores como si yo mismo, de tanto vivir entre ellas, me hubiese transformado en una cabra.

He caído sobre ella y, mientras la alzaba en un abrazo, la he besado en la boca. Creo que ha habido hasta aplausos. Y ella estaba muy avergonzada, claro. Sólo entonces me he dado cuenta de que la estaba besando en público y dejando muy claro, si es que aún le quedaba alguna duda a alguien, que la amo. Yo no soy así. Sinceramente espero que sea todo debido al amor que siento por ella, y no porque la ensalada del alma me exalta, me pone todos los sentimientos a flor de piel.

Ella ha intentado disimular un poco, pero me ha dejado cogerla de la mano y llevarla hasta su casa sin soltársela en todo el trayecto. Ya en la casa ha habido algo de revuelo, quejas y discusión, pero todo eso me da igual, ella ha vuelto al fin.

Cuando las cosas se han calmado un poco, ella ha sacado cosas que ha traído desde el otro pueblo, incluyendo una funda más bonita para mi ak’jambia, así como vestidos para sus hermanas y un fez para su madre. Luego ha estado contando todo lo que ha visto en el pueblo, y en el camino hasta allí. Y sobre todo ha dado muchos detalles sobre el parto y lo hermoso que era el niño que habían tenido.

Todo lo cual lo recuerdo de forma difusa, porque sólo podía mirar su increíble pelo, el hermoso color de sus ojos y de su piel y la forma en la que su cuerpo se insinuaba bajo su thoba. La debía estar mirando tan intensamente que Jalal, por lo bajo, me ha dicho que ya me valía, que la iba a desgastar y se volvería rubia de tanto mirarla.

No sé qué me ha dado entonces. De alguna forma la idea de que debería ser comedido al mirarla me ha parecido inaceptable, y de ese pensamiento he pasado a la idea de que debería poder mirarla cuándo y cómo quisiese, y, finalmente, para cierta sorpresa de todos, hasta para mí, me encontré pidiendo su mano a la viuda.

El resto de las hermanas me miraban como si estuviesen viendo un loco, y Djamila estaba roja como un tomate. La viuda los ha hecho salir a todos, hasta a Djamila y nos hemos quedado a solas. Me ha puesto un vaso de leche fermentada, y por primera vez desde que la conozco, se ha puesto otro ella misma.

Tras mirarme un rato muy seria, lo primero que ha soltado es que no tiene para pagar la dote de todos, y que Djamila es la más pequeña, así que no hay dinero para su dote. Yo le he recordado la mentira de que en mi tierra es el hombre el que paga. Entonces ella ha ido a lo que de verdad es un problema y que los dos sabíamos. Me ha dicho a las claras que aunque yo sea un hombre de provecho, con dinero y buena profesión, estaba claro que no era un hombre fuerte y que estaba muy enfermo. Me ha dicho que no quiere que su hija sea una triste viuda joven.

Es difícil argumentar contra algo que simplemente es verdad, pero le conté todos los planes. Primero le dije que ya había localizado y medio apalabrado una casa con un prado excelente que podría sostener un rebaño más que considerable. Que podía pagar esa casa y bastante más, de forma que incluso en el caso de que yo muriese pronto y ella se quedase sola, o aún peor, con hijos míos, tendría la casa, el prado y el rebaño. Que no le costaría encontrar un hombre dispuesto a aprovecharse de todo eso, y que ella misma podría pagarse una o dos dotes en tal caso. Además le he dicho, que pondría todo lo que he ahorrado a su nombre, de forma que tras mi muerte mis familiares del valle no heredarían, sino que lo harían ella y nuestros hijos si hubiesen. Luego, le he contado cómo Massud opinaba que el tratamiento iba mejor de lo que esperábamos, y más que una muerte joven pareciera que iba a tener una vida larga y sana.

Finalmente le dije una gran mentira. Le expliqué que la enfermedad que me aflige sólo la padecen los varones –lo que es cierto-, y que debido a mi formación de hakin, conozco las fórmulas y pociones necesarias para que ella y yo tuviésemos sólo hijas –lo cual es una gran mentira, pues como en otras muchos misterios, se desconoce por completo qué es lo que hace que nazca un infante varón o hembra.

La viuda no estaba muy convencida de mi poder para engendrar sólo niñas, pero sí que estaba convencida de los ‘poderes’ de Massud, así que si él decía que yo me curaría, me curaría. Dijo que tendría que hablar con aquel viejo loco de Balidran para estar segura, pero que si era así daría su permiso para nuestro matrimonio, siempre y cuando yo pasase el convite también, le buscase a ella unas joyas aceptables y sobre todo hiciéramos todos los pasos tradicionales en Yarim. Desde la solicitud pública, hasta la noche de bodas en el campo entre cabras.

Le dije, que a ese respecto quedase tranquila, pues si me concedía permiso para desposarme con Djamila tenía intención de convertirme en un yarime con todas las de la ley, que me esforzaría por parecer tan del pueblo como las blancadas. El chiste de cabras no le hizo ninguna gracia.

Cuando salimos a donde estaban los demás Djamila tenía cara de miedo, e hizo ademán de separar a su madre para hablar con ella; pero la viuda antes de que nadie hablase declaró que aceptaría el matrimonio entre el flacucho hakin y su hermosa Djamila siempre que se cumpliesen una serie de requisitos que se habían hablado y que se detallarían en los siguientes días. La cara de felicidad de mi amada, fue tan clara que de pronto me desaparecieron los temores y de pronto las visiones provocadas por la ensalada del alma, se hicieron brillantes y hermosa donde habitualmente eran tristes y tenebrosas. En ese momento las mujeres se volvieron locas, comenzaron a hablar de toda clase de cosas y no sé cómo aparecieron por allí muchísimas vecinas, algunas de las cuales creo que nunca había visto nunca.

Jalal me sacó de la casa. Me dio un codazo en el brazo y bromeó con que tenía el valor bien escondido. Estaba más que claro que su sonrisa escondía una profunda envidia. Entonces entendí que por mucho que fuese un joven apuesto, era demasiado joven, incluso para Djamila y sólo era un pastor, no era un hakin con dinero como yo. Le di un abrazo de hermano, y le di las gracias por todo lo que me había ayudado con ella, aunque no recordaba que me hubiese ayudado nunca en eso. Y entonces le pregunté si estaría dispuesto a hacer un favor, unas comprar en Al Ossi, que le pagaría bien.

El asintió, a pesar de que estaba claro que lo estaba separando de allí, y a pesar de que acababa de regresar de un viaje. Así que pasamos buena parte de la tarde en la única tasca del pueblo, hablando de cuál sería el vestido de boda más adecuado para ella, así como las joyas de que debían comprarse. Por supuesto al final del día todos los hombres del pueblo estaban en la tasca, bebiendo a mi costa, y haciendo chanzas sobre mi matrimonio. En algún momento hasta vi a Massud entre la gente riéndose con ganas.

He vuelto borracho y mareado a la casa. He tenido que meter la cara en la jofaina para aclararme un poco y estaba a medio desvestir cuando se ha colado en la habitación Djamila cubierta tan sólo con una túnica muy fina y bastante transparente. Me ha besado en la boca, me ha dicho que no creía aún que hubiese tenido valor para dar el paso y que estaba muy contenta. He intentado contestarle, pero ha seguido hablando, diciendo que iba a hablar con su madre y que no me preocupase que iba a lograr que se aligerasen las condiciones, que ella no necesitaba tanto, y que tal y que cual, yo ya no escuchaba, sólo olía y miraba. Entonces me ha vuelto a besar y me ha dicho que, eso sí, tendríamos que hacerlo bien hasta la boda. Yo le he dicho que todo lo que ella quisiera, a lo que ella me ha dado las gracias. No me he dado cuenta hasta que se ha marchado que eso significaba que no estaría en mi cama esta noche, ni el resto de las noches hasta la boda.

Día Vigésimo octavo del mes Sagrado del año 208

No tenía ni idea de cuántas cosas son necesarias para una boda. Pensaba que la única importante era el sacerdote, pero dado el estado de Rubbah, al parecer esto es lo único que no va a ser necesario.

Para mí lo más importante es asegurar su futuro, y eso pasa por conseguirle una casa y unos prados que estén a la altura de lo que he llegado a sentir por ella. La casa que había medio hablado, todos me han dicho que está muy bien, pero entre Massud y Jalal, han conseguido que me la rebajen de precio. Al parecer al precio que me estaban pidiendo hubiese sido un timo.

Finalmente, han sido las hermanas mayores de Djamila las que han decidido cómo ha de ser el vestido y las joyas, así que Jalal no ha salido hacia Al Ossi, hasta esta tarde. Por lo poco que he podido entender, no va a ser muy diferente que otros vestidos de boda, como los que aportan como ajuar las mujeres de Yarim, es decir bonito, para guardarlo más que para usarlo, y muy caro.

Ha habido un pequeño lío con el color. Claro, no soy un Osramán, ni ninguno de los otros apellidos de Yarim, ¿con qué color deberíamos casarnos? Al final, pensando en las nieves del Valle les he dicho que blanco, pero se han negado, ya que es el color del luto. Así que al final se ha llegado a la conclusión que los Ibn Kamaj vestirán del verde de las praderas que tienen en común estas tierras y las de mi nacimiento.

Al parecer nos casará Abdul, que a falta de Rubbah es lo más parecido a una autoridad que hay en el pueblo, y todo el mundo ha estado de acuerdo que debe celebrarse donde la gran higuera, así que había que negociar también un precio con la joven que es la única heredera del prado en el que está el árbol, lo que incluía tanto el precio por el alquiler para la ceremonia, como un dinero extra por si acaso el árbol resultase dañado de alguna manera.

Y claro, hay que empezar hablar del banquete, al que todo el mundo parece creer que está invitado, así que estoy teniendo que considerar cómo dar de comer básicamente a todo el pueblo. Eso sí, de inmediato han empezado a aparecer montones y montones de corderos y cabras teóricamente a buen precio. De negociar por la carne del banquete se va a dedicar la viuda, que ha dejado claro que de comprar comida no tengo ni idea. Se me ocurrió preguntarle si habría que contratar a alguien para cocinar todos esos platos y casi me echa de la casa a palos, entre gritos de si se había creído que las mujeres de su familia eran mancas o ciegas.


Mucho lío, y entre tanto lío tengo el tratamiento algo descuidado. 

24.11.14

Majid. 19

Día Noveno del mes Sagrado del año 208

Todos estos días he estado pensando mucho, más bien recluido en mí mismo. En parte he escogido esta reclusión parcial porque las visiones que me provoca la ensalada del alma, parecen haberse desvanecido mientras permanezco en mi cuarto, pero me siguen persiguiendo ahí fuera. He seguido con el tratamiento, desde luego, y no puedo sino no celebrar la confianza de Massud en mi curación, pero los días se me hacen largos sin ella. Para aplacar esta necesidad que me empieza a parecer insana he estado haciendo listas y planes. ¿Sería bueno para ella? ¿Sería bueno para mí? ¿Cuánta infelicidad puedo traer a este mundo que ya parece maldito si decido unirla a mi vida y unirme yo a su casi sin iniciar vida?

He llegado a la conclusión de que sólo una cosa me frena de ofrecerle a la viuda, ese supuesto pago que los balidranos daríamos para desposar a nuestras mujeres, los hijos. Creo que no puedo soportar la idea de ver a mis hijos morir jóvenes si yo vivo. Mas, si yo vivo, por qué no habrían de hacerlo ellos. La pregunta es tan evidente que me avergüenzo de no haberla hecho antes. Cuando salí de mi valle me dije a mí mismo que no salía solo por mí, sino que iba en pos de la solución del Mal de Kamaj, que lograría que todos allá arriba se curasen; pero acaso no he estado pensando en mí mismo y sólo en mí mismo desde entonces.

Mirando atrás, incluso estos últimos días, no he estado haciendo otra cosa que preocuparme por mí mismo. Eso no está bien. Y es tan fácil tener la confianza para tener una vida con Djamila, basta con que logre del viejo el secreto de la curación. En realidad no conozco el tratamiento. Hay infusiones que estoy tomando que no sé lo que son. Las proporciones de otras me son desconocidas. Pero sobre todo el procedimiento. ¿Cómo reconocer lo que necesitaría otro enfermo de Kamaj? ¿Cómo saber si el tratamiento ha ido bien o mal? ¿Cómo saber si debo aumentar esto o aquello? Y por supuesto, tendré que aprender el arte de la hipnosis.

He estado tan ocupado compadeciéndome de mí mismo que he ignorado que debo aprender a curar a otros. Mañana mismo empezaré a persuadir al viejo de que me enseñe sus secretos.


Día Décimo del mes Sagrado del año 208

No pensé que su negativa fuese tan rotunda. Entiendo que sólo tuvo éxito una vez. Entiendo que en realidad no sabemos si los cambios que ha hecho para mí son acertados o si acabaré muriendo, pero por eso mismo, ¿qué más da? Si lo de Chizia fue casualidad, si yo acabo muriendo, ¿qué peligro representaría que yo conociese el tratamiento si no estaría vivo para aplicárselo a nadie más?

Hay algo más, pero no entiendo lo que es.

Día Undécimo del mes Sagrado del año 208

Esta mañana mientras desayunaba, se me ocurrió que tal vez Massud temiese que dejase el tratamiento escrito en mis libros y que de esta forma fuese no ya yo, sino otros que en el futuro lo encontrasen, el que aplicasen un tratamiento fallido, tal vez peor que la enfermedad –aunque no lo siento así en mi cuerpo- a otros pacientes. Así que le he llevado mis dos diarios y le he pedido que los arroje al fuego si quiere, pero que me dé la opción de sanar a otros. Me ha mirado con cansancio, sí no puedo explicarlo de otra forma, y me ha dicho que no estoy siendo racional. Le he dicho un montón de cosas entonces, pero él me ha detenido y me ha dicho que me callase.  Lo he hecho y tras un buen rato en silencio ha aceptado empezar a enseñarme, que no era necesario destruir los libros, porque si el tratamiento funcionaba dónde pretendía guardar el conocimiento. Tenía razón, no estaba siendo racional.

Pero me ha exigido paciencia, y en este caso quiere decir que me enseñará lo que tengo que saber poco a poco y no aceptará más prisas. Me ha amenazado incluso, con dejar el tratamiento completamente, es decir, dejar de curarme, si volvía con más exigencias o si pretendía acelerar cualquier cosa.

He aceptado, aunque con miedo de mi propio carácter que a veces es melancólico y que últimamente me ha parecido colérico, con miedo de que por mucho que lo pretenda no pierda el control, pierda el tratamiento, la vida y una vida con ella.


Día Duodécimo del mes Sagrado del año 208

Hoy hemos empezado a aprender la primera cosa del tratamiento. Hierbas y sus proporciones. He llegado a primera hora a su casa, y me ha mandado de vuelta al monte. Me ha dicho que sin el ejercicio no había aprendizaje. De mala gana he hecho mis trayectos, de prisa, casi corriendo. A la vuelta me he encontrado un montón de notas todas amontonadas sobre la mesa. He estado a punto de decirle que si se estaba burlando de mí, pero me he contenido. Él ha aparecido con una taza de té humeante y me ha pedido disculpas por ser tan desordenado. En ese momento estaba seguro de que lo estaba haciendo a propósito, pero parece que no. Vivir tanto tiempo en un pueblo tan remoto como éste, dificulta tener acceso a una buena provisión de papiros, así que ha estado tomando sus notas durante años cómo ha podido y dónde ha podido.

Sin embargo, pronto ha empezado a enseñarme cosas prácticas. En uno de esos papiros del montón, me ha señalado la fórmula de la primera infusión que empecé a tomar. Tiene bastantes más cosas de lo que había imaginado.

Le he preguntado por la ensalada del alma, que es lo que ahora me interesa más, pero me ha dicho que tenga paciencia. Así que me he aguantado y hemos estado revisando uno por uno los componentes de la infusión. He aprendido un buen montón de cosas de esas yerbas, cosas que había entendido mal y que eran incorrectas en mis propias notas.

Al final de la tarde ha estado la parte más interesante. Le he preguntado por el Pozo Putrefacto, y se ha prodigado en detalles. Me ha dicho que cree que en alguna parte debajo de la tierra en la que estamos hay un volcán dormido desde el principio de los tiempos, y que su calor sale a borbotones en varias partes de estas montañas. El agua cálida de las Lágrimas es lo más cercano, pero me ha hablado de otros cuatro lugares entre las montañas además de éstas y del Pozo Putrefacto. Él cree que el volcán está muy cerca o justo debajo de ese charco apestoso. El charco expulsa grandes cantidades de azufre y de alguna forma las plantas de justo ese pequeño trozo de tierra se han adaptado a todo ese azufre. Le he preguntado que cómo es eso posible y me ha dicho que no lo sabe, pero que muchas de las plantas que allí crecen no existen, que él sepa en ninguna otra parte de este mundo, por lo que las cualidades medicinales de estas son únicas.

Le he preguntado que qué pasaría si entonces ardiese la pradera allí y me ha dicho que esas cualidades se perderían para siempre. Le he dicho que me resultaba extraña la idea de unas plantas que sólo existiesen en un lugar, en un lugar pequeño, que cómo sería posible que Dios se hubiese parado a crear este lugar en concreto, tan único y tan frágil. Y ahí ha empezado la conversación más interesante que he tenido en años. Él ha reconocido que tampoco cree que eso sea posible, y que debe haber otras formas en la que los animales y las plantas hayan cambiado, tal vez para adaptarse a las condiciones del contexto en el que viven, después de la creación. Una idea bastante herética, desde luego, pero que para ambos tenía sentido. Hemos discutido con mucho detalle de cuáles podrían ser los mecanismos en la que estos cambios acontecerían y a lo único que hemos llegado es a que no sabemos lo suficiente de cómo las características de cada planta o animal cambian, o se heredan.

Mi padre y sus hermanos eran fuertes, y yo no lo soy. Ahora estoy intentando mejorar mi salud, mi forma física, ¿heredarán estas mejoras mis hijos si llego a tenerlos con Djamila? Es un tema que me interesa y mucho. Aquellos que se dejan atrapar por la dejadez, por la vagancia, o por las drogas, ¿perjudican a sus descendientes? ¿Es posible que mis antepasados me hayan legado el mal por sus faltas? Y de ser así, ¿cuáles de mis antepasados? ¿Tal vez el mismo fundador, el héroe destructor del dragón?

Me cuesta imaginar al poderoso Kamaj, conquistador del Valle, asesino del monstruo, luego dejarse llevar por los vicios hasta legarnos esta maldición.

Al regresar a la casa he sufrido de una intensa alucinación muy desagradable. Había una fiesta en una de las casas, creo que era una petición de mano. Se escuchaba música y había muchos candiles decorados en el pasto de la casa. Me he acercado a ver quién era y he visto a Azfal, salir tal vez para aclararse la garganta, o para refrescarse. Iba a ir a saludando, cuando ha girado la cabeza para mirarme en la oscuridad y entonces mi mente ha imaginado sus ojos brillando como los de un animal, como los de los lobos, pero de un rojo fuego. Mi corazón se ha acelerado recordando la pesadilla del otro día y entonces la alucinación ha ido a peor. Me ha parecido que en la sombra su cabeza se ha alargado, le han surgido cuernos altos de macho cabrío.


He huido corriendo y no he parado hasta estar encerrado en mi habitación. Tengo que aprender a controlar mis reacciones a estas alucinaciones.

23.11.14

Majid. 18

Día Decimoctavo del mes del Calor del año 208

He vuelto a salir. De nuevo rutina, ejercicio, tratamiento e hipnosis. No es que hayan desaparecido todas las sensaciones extrañas que me provoca el tratamiento. Creo que ya no van a desaparecer, pero no veo nada especialmente grave ni molesto.  Las sensaciones se limitan a cierta incomodidad en lugares oscuros, en donde me parece que hay cosas que me observan y que no deberían estar ahí. Así que he cogido la costumbre de dejar siempre un candil encendido. He hablado con la viuda y está de acuerdo en que deje el candil toda la noche y hemos negociado un precio por todo el aceite que estoy gastando de más.


Día Decimonoveno del mes del Calor del año 208

Hoy he estado charlando un largo rato con un viejo buhonero khin. Venía sólo, sin familia, acompañantes o siquiera guardias que lo acompañasen. He visto otros parecidos en Balidran, con su carromato cerrado, que puede abrirse por un lateral y formar una auténtica tienda rodante, sus bueyes de larga cornamenta y frente peluda. Normalmente tienen de todo un poco pues aprovechan cada parada en cada pueblo no sólo para vender, sino también para comprar lo que esté más barato y pueda ser vendido más adelante. Así que hay una mezcla de cosas habituales que vienen de lugares muy cercanos, con algunas piezas de bastante más valor que de lugares remotos. Este buhonero que se llamaba Hiroke, tenía un buen montón de dátiles, miel y otras cosas de Al Ossi, así como joyería que sí que podrían apreciar en Yarim, pero también tenía en su carro, libros khines de hermosas ilustraciones que deben llevar años con él, y restos aún de valiosas especias, como la canela. Imagino que cuando se vaya de Yarim en los próximos días cargará el carro con botas de piel de cabra y muchos fez.

Lo descubrí justo cuando estaba asegurando el carro junto al Pozo y me empeñé en hablar con él. Fui lo bastante insistente como para que aceptase tomar un té en la casa de la viuda. No traía noticias de Balidran y hace muchos meses que no pasa por mis tierras, pero traía noticias preocupantes de los otros reinos.

Según parece el vacío de poder en el mar interior continúa. Los emires que traicionaron al Sultán, desconfían los unos de los otros, y con frecuencia detienen, interrogan e incluso apresan a viajeros como él acusados de ser espías. La ciudad de los hechiceros, Tamana Bal Omara, sigue en turbulentos juicios tras ser liberada, en donde toda clase de personalidades relevantes de la ciudad son acusadas de colaboración con los adoradores del Señor de la Noche. Hay ejecuciones e incluso ha habido algunas revueltas populares que han acabado en muerte de familias adineradas completas. Los vencedores de la guerra, los rebeldes de Marmud, aunque prósperos, parece que tampoco se libran de problemas. Muerto su rey en la última batalla, el general principal, un nórdico, parece que ha desaparecido sin que se sepa porqué. El hermano mayor del rey, un tal Sephyr que parece ser tener influencia pirata, actúa de manera inteligente pero algo despiadada, y ha estado menoscabando la autoridad de sus jeques para centralizar el poder en su persona. Y finalmente, en las praderas del norte de Dacca y del sur de Tamana, bandas de forajidos, desertores de todos los ejércitos, campan a sus anchas como asaltantes, cuatreros e incluso nuevos esclavistas.

Esto último, los desertores transformados en forajidos, lo he vivido en cruda primera persona, pero no deja de ser triste que toda guerra, por importante o justificadas que sean las intenciones de los bandos en contienda acabe siempre en enfermedad, hambre y violencia. Mi tío, tiene suerte de estar muerto, así no ha visto cómo todo el mundo que conocía, cómo la fidelidad que le debía al Sultán incluso por encima de la que le debiese haber tenido a su rey, se ha desmoronado en esta suerte de caos abandonado de la mano de Dios.

Estoy de ánimo melancólico. ¿Será la medicación? Sí, debe serlo, a fin de cuenta me afecta lo suficiente como para hacerme ver visiones, y por lo que puedo releer en este mismo diario, hacerme ver una esperanza y una belleza que probablemente nunca estuvo ahí; excepto la de Djamila, que sigue a mi lado.

Día Vigésimo del mes del Calor del año 208

Si la intención del tratamiento es que me convenza de que voy a vivir, entonces no está funcionando porque me estoy sumergiendo más y más en la melancolía. Así se lo he dicho a Massud antes de la sesión de hipnosis. Este me ha dicho que es un proceso, que debo tener paciencia, pero no la he tenido y he montado en cólera.

Massud me ha examinado y me ha dicho que tal vez deba ajustar un poco el tratamiento. Y que incidiría menos durante la hipnosis en elementos negativos y más en positivos.

De momento no me ha cambiado el tratamiento, pero sea lo que sea que haya hecho durante la hipnosis ha ido mejor, porque esta tarde me siento más ligero y más contento.

Veremos que va sucediendo.


Día Vigésimo tercero del mes del Calor del año 208

Para sorpresa de todos hace bastante calor. La temperatura ha estado subiendo mucho durante los últimos días, casi como si el mundo tuviese prisa por recuperar el tiempo perdido en un invierno larguísimo y quisiese derramar todo el calor del verano y de la primavera todos juntos estos días.

Hoy no hemos tenido sesión de hipnosis, porque Massud ha querido hacer pruebas con los efectos de diversas alternativas a mi tratamiento. No me ha dado de comer fragmento de plantas, ensaladas de la mente, como las llama, pero me ha dado de beber pequeñas gotas de esencias y tenía que explicarle los efectos que sentía.

Ha sido espantoso. En algunos casos he pasado casi una hora con dolores imaginarios, pero insoportables. En otros casos era lo que veía lo peor. Una de las veces mi piel explotaba y de ellas salían millones de hormigas. En otro de los casos, vi cómo la cara de Djamila se descolgaba dejando descubrir un monstruo rojo de sangre y de ojos negros como la piel de una cabra nocturna. No he podido regresar a la casa de la viuda por mi propio pie y hemos tenido que parar tres veces para que vomitase.

No sé cómo tengo fuerzas para escribir estas letras, sobre todo sabiendo que mañana continuaremos con más pruebas.


Día Vigésimo cuarto del mes del Calor del año 208

Casi no dormí anoche, porque toda clase de sonidos y sombras se arremolinaban en la oscuridad de mi habitación, y la llama del candil amenazaba a apagarse cada segundo. Cuando finalmente se ha hecho de día, Djamila ha venido a llevarme a desayunar, pero no he podido. Toda la comida me sabía amarga y desagradable.

Tan sólo la visión de la cascada que hoy parecía más que nunca un dechado de color, me ha animado.

Y el resto del día ha sido una tortura. Ni siquiera voy a describir las cosas que me ha hecho ver las pruebas de Massud. No me extraña que su hijo acabase loco y se quitase la vida. No sé si me estaré volviendo loco yo mismo.

Al final, Massud, ha quedado satisfecho con una de las pruebas y me ha mandado de vuelta a Yarim con una nueva receta de la ensalada para el alma. No sé si quiero seguir con esto.


Día Vigésimo octavo del mes del Calor del año 208

He hecho estos días lo que todo paciente le hace a su médico alguna vez, rebelarse, evitar el tratamiento. Pero lo cierto es que las visiones empeoraron y parece ser que hasta perdí momentáneamente el control, no ya de mi cuerpo, sino de mi pensamiento y estuve corriendo por el campo completamente desnudo, posiblemente comportándome como una oveja.

Cuando me desperté, Djamila estaba junto a mí llorando y pidiéndome que confiase en Massud, y en el tratamiento. Empecé a comer su ensalada del alma, más por Djamila que por otra cosa, pero mira por donde parece que esta vez el viejo ha acertado. Aquella noche dormí profundamente y sin pesadillas. No es que hayan desaparecido las visiones, en realidad, no deben desaparecer o el efecto de la hipnosis sería mucho menor y mis posibilidades de sanar se desvanecerían, pero ahora casi todo lo que veo es hermoso y brillante.

La cascada resplandece. Las joyas brillan con cada rayo del sol. La mezquita se ilumina cada mañana como si realmente Dios viviese en su interior. Los bordados del thoba de Djamila parecen más de magia pura que de plata. Y su pelo, cuando se escapa de su recogido no parece despeinado, sino bailando al son de un corazón compartido.

Parece que ahora las cosas vuelven a su cauce. Esta noche, antes de echarla de mi habitación para escribir estas líneas la he besado en la boca y la he dicho que la quiero. Ella ha sonreído, aunque con una lágrima detrás de sus ojos.

No la he dejado hablar, ni le he dado tiempo de ponerse a llorar. Si todo va bien, tendremos tiempo de sobra para ambas cosas. Si todo va bien, y si no, mejor quedarse con las cosas hermosas, mejor dejar que te embriague la belleza de la cascada cálida de agua pura e ignorar que algunas veces aún las sombras parecen habitadas por cosas que tienen dientes y cuernos.
Día Vigésimo noveno del mes del Calor del año 208

Ella está contenta y eso me da fuerzas. Y con esas fuerzas regreso a la rutina de mi sanación, caminata, más caminata, ejercicios, y la tarde perdida en la hipnosis de Massud. Esta vez casi que he podido entrever algo soñado durante la hipnosis en lugar de la pérdida completa. Había escenas intensas en las que estaba Djamila menos vestida de lo habitual.

Mientras regresábamos a la casa, no me he podido contener y la he apretado contra una de los muros de separación entre pastos. Ella se ha resistido primero en su sorpresa. Pero cuando he empezado a besarla me ha contestado, ansiosa incluso. Y así, bajo el cielo estrellado, en una noche acalorada, nos hemos deshecho de la ropa y de la prudencia.

Ella ya no podrá ir pura a ningún matrimonio y yo ahora no sólo tengo el deseo, sino la obligación de vivir para poder plantearme en serio el formar una vida con ella.


Día Trigésimo del mes del Calor del año 208

Me sorprende la capacidad de Djamila de comportarse con normalidad después de lo que pasó anoche. Durante todo el día se ha comportado con normalidad. Yo pensé que, bueno, no sé qué pensé. Ayer no pensaba, sólo la deseaba y la tomé. Y para ser justos, creo que debo decir que ella se entregó.

Dado que no ha habido ninguna señal de que algo diferente hubiese ocurrido, todo ha seguido la rutina habitual de ejercicios, comida e hipnosis. En el regreso le he cogido la mano, y he hecho ademán de atraerla hacia mí, pero simplemente se ha separado. La he mirado pero ella no lo ha hecho así que la he soltado.

Así que aquí estoy agitado, escribiendo a la luz de ninguna luna y con un candil que…

Ella acaba de entrar en la habitación, ha dejado caer su liviano thoba de verano y se ha metido en la cama.

Día Trigésimo cuarto del mes del Calor del año 208

Esta semana de luna negra, ha resultado ser de noches vibrantes. Cada noche Djamila y yo nos dejamos llevar la pasión. Ahora conozco rincones de su cuerpo que de pocas más mujeres he conocido. Ella llega a escondidas cuando todos los demás duermen. Me invita a disfrutarla y desaparece mucho antes de que yo me despierte, mucho antes de que nadie se despierte en la ciudad.

Día Trigésimo séptimo del mes del Calor del año 208

Temo que al acabar esta fase oscura de la luna, esta fase apasionada de mi vida acabe también. Creo que nos hemos precipitado. Yo aún no sé si voy a vivir, y yo.. yo no sé si estoy siendo justo con ella, porque, ¿realmente la amo o es pura pasión por su belleza y juventud? Sé que hay diferencia entre ambas cosas, sé que tiene que haber diferencia, y sé que no es posible conocer el amor tan rápido como en nuestra historia.

Si siempre he negado la posibilidad de tener una vida con una mujer porque no quiero dejar una viuda como mi madre, ¿por qué ahora me he dejado llevar? ¿Cómo no dudar de mi propia mente y de mis sentimientos si un doctor juega con ellos con una ensalada de hierbas enloquecedoras y sesiones de misteriosas hipnosis? ¿Cómo una mujer como Djamila tan fuerte y bella puede siquiera haber aceptado entre sus piernas a un enclenque moribundo como yo?

Por lo que sé, todo esto, hasta el trazo de la tinta sobre este papiro, podría ser una ensoñación producto de una sesión de hipnosis. Tal vez ella nunca ha entrado por las noches entre mis sábanas ni se desliza de ellas antes de que el sol salga. Tal vez los senos que acaricio cada noche, la suavidad de su piel, el olor intenso que huelo en su cuello, el dulce néctar que bebo de entre sus piernas, tal vez todo eso no sea más que una alucinación producto de la ensalada del alma de Massud.

¿Qué más da? ¿Cómo podría saberlo? Incluso sería posible que nunca hubiese superado aquel ataque que tuve en esta misma casa, tal vez morí y soy un espíritu que, viviendo en el purgatorio de los pecadores, aún busca un camino hacia la luz de Dios. Aunque, yo sé, que no puedo estar muerto, porque siendo el pecador egoísta que he sido toda mi vida, la otra vida tan sólo me deparará el sufrimiento helado del infierno, y no noches ardientes de calor y placer con Djamila.


Día Trigésimo noveno del mes del Calor del año 208

Anoche tuve una pesadilla terrible. Soñé que me despertaba en mitad de la noche. Todo estaba a oscuras y aún quedaba mucho para el amanecer. Sin luna ni luces Yarim era un pozo de sombras. Djamila no estaba en mi cama, aunque su olor aún permanecía en las sábanas. Salía a mear al patio, pero me daba cuenta de que algo extraño pasaba. No había ningún sonido. Siempre hay algún sonido en Yarim. Si no es la gente, es el ganado, que apagan el silencio ya  con berridos ya el escandaloso ruido de sus cencerros. Y si no siempre está el rugido de la cascada. Pero en mi sueño nada sonaba.

Extrañado salía hasta la plaza del Pozo y podía ver que las Lágrimas se habían ido y que de dónde sale el agua, un agujero, de más o menos un metro de alto, estaba levemente iluminado como si alguien hubiese llevado candiles allá adentro. No existe, por supuesto, pero en mi sueño una escalera tosca y estrecha subía hasta aquel agujero, así que atemorizado pero más sorprendido, subía las escaleras hasta el agujero. El agua lo hacía resbaloso y era difícil caminar, pero el sonido de unas voces y la triste melodía de una canción oscura llegaban desde el fondo.

En mi sueño seguí a aquellos sonidos hasta una cámara amplia, que se apartaba del curso del agua por unos metros. Una chimenea alta y cavada en la roca de la montaña, bajaba el cielo estrellado y se llevaba el humo de una fogata que era la única luz que los iluminaba a todos. El lugar tenía un olor desagradable, no apestoso, pero rancio; y todo el suelo estaba repleto de huesos, huesos quemados. Había más de un centenar de personas allí dentro. Repetían una letanía mientras agitaban el cuerpo en un baile que no era tal, sino más bien apareamiento simulado, al son de una voz que cantaba y que no podía ser otra que la de Afzal, el juglar de los leñadores, y de los tambores que sonaban desde el fondo de la cámara. Todos hombres y mujeres, bailaban encapuchados, no con una simple capucha para cubrirse de la lluvia o en una tormenta de arena, sino de una grande y profunda que ocultaba completamente sus rostros. Ellos vestían una túnica negra, ellas vestían un thobe con bordados tan negros como la tela. Y el cantor, el que sonaba como Afzal, cubria su cabeza con una cabeza de cabra de madera, con larguísimos cuernos.

Yo los miraba tan fascinado como asustado. Y entonces todos se desnudaron, quitándose toda la ropa excepto las capuchas y empezaron a tener sexos unos con otros en un desenfreno que distinguía hombres de mujeres, y que bien podría no distinguir extraños de familiares. Había cuerpos de todas clases, jóvenes y viejos. Robustos y blandos. Tanto podían pertenecer a musculados leñadores, como a niñas aún lejos de ser mujeres. Cuando entre aquel desenfreno me pareció ver el cuerpo desnudo de Djamila, haciendo el amor con un joven menudo pero de recia musculatura que bien podría ser Jalal, no pude contener un grito de frustración ni pude, en mi sueño, dejar de abandonar mi escondite.

En ese momento el canto, así como toda la concupiscencia se detuvieron de golpe y montones de ojos cubiertos por capuchas me miraron. Vi el brillo de varias ak’jambia aparecer en la cámara. Viendo que mi ira iba a llevarme a la muerte, en mi sueño salí corriendo por el túnel del agua, tropezando y cayendo varias veces. Entonces un atronador sonido rugió a mi espalda, y en muy poco tiempo las Lágrimas me alcanzaron y me expulsaron del túnel con tremenda violencia.

Mi último recuerdo del sueño fue verme caer hacia el Pozo justo antes de despertar entre sudores. Djamila aún dormía a mi lado, y se quejó de que no la dejase dormir. Me dolía el cuerpo como si realmente hubiese caído hasta el Pozo, pero le besé la nuca y la dejé dormir.

¿Habrá cambiado el nuevo tratamiento las visiones en vigilia por pesadillas en mis sueños?


Día Primero del mes Sagrado del año 208

He tardado un poco en confesarle a Massud el extraño sueño que tuve y que incluso me ha dejado algunas secuelas físicas. Por supuesto, no le he desvelado que estoy acostándome con Djamila, así que él ha achacado el contenido sexual del mismo a mi necesidad de mujer. Incluso me ha recomendado que baje a Al Ossi y pague por compañía femenina, ya que en el pueblo, me iba a resultar difícil encontrar a alguien dedicado a la profesión y que estuviese a la altura de los gusto de un joven. Ni siquiera me he atrevido a preguntar quién está dedicado a la profesión aunque no sea tan joven como para satisfacer mis hipotéticas necesidades.

Ha añadido a la ensalada, unas plantas que supuestamente deberían darme noches tranquilas y sin sueños. De momento así ha sido en la primera noche.


Día Tercero del mes Sagrado del año 208

Han mandado a Djamila a pasar una temporada a un pueblo cercano llamado Heria, en teoría porque una de sus primas de allí, está a punto de parir y ella ha dicho que con lo que ha aprendido estas semanas conmigo y con Massud tal vez podría ser de utilidad. Sinceramente no creo que haya aprendido casi nada en tan poco tiempo, y no dejo de preguntarme si no será que la viuda ha descubierto nuestra aventura y quiere alejarla de mí.

Ella se ha despedido de mí contenta e incluso me ha dado un beso en la mejilla como despedida, pero verla partir, sobre todo acompañada por Jalal, me ha dejado un mal cuerpo que ha devenido más tarde en un ataque leve de los dedos de la mano izquierda. Desde que soñé que los dos participaban en una orgía secreta e impía, no he podido mirar a Jalal sin sentir fuertes celos injustificados.

En teoría regresará en unas dos semanas. Se me va a hacer muy árida mi cama durante esos veinte días.



Día Quinto del mes Sagrado del año 208

Este tiempo sin Djamila se me está haciendo mucho más largo de lo que ya temía. Me había acostumbrado a su visita cada noche. A oler su pelo, a acariciar sus curvas y lamer su rincón más íntimo. Me había acostumbrado a diluir mis problemas fundiéndome completamente con ella, noche tras noche.

Ayer, la viuda insistió mucho en hablar de mi estado civil, y sobre mis intenciones para el futuro. Si aceptaría trabajar con el viejo, si tenía intención de regresar a Balidran, que si tenía allí alguna hija de un jeque prendida de un médico famoso esperándome, que si tal y que si cuál. En definitiva sólo le faltó preguntarme sobre para cuándo tenía pensado pedir a Djamila en matrimonio, ya que llegó a ser tan clara como para preguntarme sobre las costumbres de la dote en mis tierras. Ahí estuve bastante despierto, aunque es falso, les dije que en Balidran es justo al revés que en el califato de Al Jorath, y que es el hombre el que aporta dinero a la familia de la novia, a cambio del privilegio de poder casarse con su esposa. Si me creen, y si me decido a intentarlo con Djamila, aunque no sobreviva al menos les dejaré algo de dinero y no deudas, por pagar un ajuar que sé de sobras que la viuda no puede pagar.

Las hermanas mayores de Djamila, por otra parte, dejaron caer que es bastante inadecuado en cualquier parte que una mujer se case sin que sus hermanas mayores lo estén. Ya me resulta complicado imaginarme realmente viviendo con ella, así que se olviden de la posibilidad de que me case con las tres hermanas. Eso ni pensarlo.

Tal vez lo más sensato sería hacerle caso a Massud y marcharme hasta Al Ossi y aplacar mis necesidades de hombre con alguna mujer de las que lo hacen por dinero; así tendría una excusa que contarle al viejo sobre mis sueños calientes, y no tendría que soportar un interrogatorio par el que no estoy aún preparado. Eso sería lo más sensato, pero la mera idea de no serle fiel se me hace intolerable.

Día Séptimo del mes Sagrado del año 208

Nunca he sido una persona pía, creo que ya lo he dicho en muchas ocasiones en este diario. No he rezado demasiado desde que bajé de las montañas, pero creo que este es el mes Sagrado en los que mis pensamientos han sido menos sagrados de toda mi vida. Todas las noches se llenan de la ausencia de ella, y a duras penas puedo no dejarme llevar y decirle a todo el mundo que su ausencia me está destruyendo. Cada mañana me resulta casi intolerable resistir las ganas que tengo de decirle a la viuda, que de acuerdo, que me comprometeré con ella, que yo pondré la dote, que la llenaré de joyas y que dejaré una larga prole de Kamajs condenados a morir tras de mí, lo que sea, pero que me la traigan de vuelta.

Para aplacar estos calores, en lugar de irme hasta la sede del jecado a refocilarme con mujeres públicas me he dedicado a desgastarme físicamente. Eso será bueno para mi tratamiento y en teoría hace bien, aunque de momento no he notado la diferencia.

Hoy se lo he contado a Massud, que se ha reído mucho a mi costa. Ha estado por ejemplo, contando lo guapo que voy a estar con la ropa local el resto de mi vida, o lo buen pastor de cabras que voy a ser. Cuando le he rogado que parase, que me estaba doliendo, él me ha preguntado por qué si no había mejor que la pasión correspondida, y que Djamila es una mujer que me conviene enormemente. Entonces se han abierto las compuertas de mis temores, y le he soltado todo lo de las viudas de Kamajs, lo de ver a mi madre con los cuadros de sus fallecidos, y todos esos temores que me persiguen.


Cuando hemos terminado estaba llorando como no debería ningún hombre. Massud me ha preparado una infusión y me ha dicho que esta tarde he hecho por mí mismo más de lo que han hecho en muchos días sus sesiones de hipnosis. Le he preguntado que si de verdad puedo vivir, y él sonriendo me ha dicho que hasta ahora tenía dudas que pero que ahora ya no, que puedo vivir.

Majid. 17

Día Cuarto del mes del Calor del año 208

Lo de la hipnosis no ha sido tan raro como pensaba. Fui a primera hora, pero Massud me mandó de vuelta al campo, diciéndome que hasta que no me doliesen todos los músculos de las piernas que no se me ocurriese regresar. Así que hice una camina muy larga, pero esta vez hacia el norte, que nunca voy en esa dirección. Yarim se acaba pronto hacia el norte, dando paso a una llanura de hierba alta que muy pronto se transforma en un terreno rocoso lleno de zarzas, que no son más que la antesala del mar inacabable de arena.

Estaba nervioso así que he ido hasta lo que llaman por aquí el ‘mirador del perdido’, una roca grande detrás de la cual se asuman las dunas. Allí me he sentado un largo rato dejando perder mi vista en el horizonte del norte. Sin dejar el mirador me he tomado mi nueva medicina. Es increíble lo grande que es el mundo. Desde allí, un mundo ondulado de colores amarillos y naranjas, que en su simplicidad esconde miles de mundo. No sé por qué antes no lo he visto así, pero el desierto es estático y dinámico a la vez, y por eso es un misterio, un misterio obvio como los granos de arenas. Por más que mires el desierto no lo ves cambiar, y sin embargo, regresa otro día y el paisaje que viste ya no estará ahí.

La gente es así también, como el desierto. Creemos que siempre son las mismas personas, y sin embargo, al transcurrir el tiempo, nadie permanece igual, siempre nos muestran caras diferentes, pues somos complejos en nuestra simplicidad, porque todos estamos hechos de pequeños granos de arena siempre en movimiento.

Tras la comida Djamila ha querido venir conmigo para ver qué era eso de la hipnosis.  La parte que recuerdo no ha sido muy espectacular. Massud haciéndome mirar un péndulo, mientras decía palabras pausadas y me hacía pensar en momentos felices de mi vida, y luego la nada. Imagino que eso significa que ha funcionado bien, pero lo cierto es que no recuerdo nada de lo que ha pasado durante varias horas. Djamila ha dicho que ha estado divertido. No me atrevo a preguntar por qué.





Día Séptimo del mes del Calor del año 208

El tratamiento hipnótico está funcionando, al parecer muy bien, sigo sin recordar casi nada de cada sesión pero lo cierto es que me siento muy bien. Ayer tuve un pequeño ataque en la mano izquierda, pero ha sido el único en muchos días. Además Djamila rápidamente sacó el aceite que huele a muerto y me calmó los temblores y el dolor con un masaje.

Pero lo que me hace estar más seguro de que está funcionando, es lo bien que me siento. No me he sentido así de bien, creo que nunca. Tal vez en mi niñez allí en el valle, cuando no pensaba que mi mal y jugaba con los primos a que nos matábamos sin morirnos.

Tal vez ni siquiera entonces. Hoy perdí media mañana sentado en el borde del Pozo y viendo simplemente a los yarimes pasar. Simplemente no podía dejar de mirar la diversidad de las ak’jambias. Tan sólo empuñaduras hay de todas clases. Las más habituales son de plata, con repujados que recuerdan a datileras, y sobre todo a cabras. Sé que son joyas que se hacen en la capital del jequeado; pero hay otras muchas. Algunas de oro, incluso algunos Osramanes, de oro con piedras semipreciossas. Y las más hermosas y sorprendentes, son las de hueso lacado. Un núcleo del hierro de la hoja se puede ver el en centro de una celosía de hueso, resistente pero ligero y un artesano, con una paciencia infinita, ha ido colocando una ligera capa de laca endurecida, o tal vez una lámina finísima de alabastro pintado y traslúcido que permite ver tras de ellos el hierro puro. Es un diseño extraño, mezcla de ligereza y robustez, de burdo hierro con la más delicada de las estructuras. Simplicidad del metal forjado, con una vidriera que arranca destellos de colores increíblemente diversos bajo el sol. Este diseño me parece muy propio de Yarim, que es un pueblo que parece sacado de la mezcla de todos los lugares, que es un lugar de frontera.

Día Octavo del mes del Calor del año 208

Más ejercicio, dieta y tratamiento. Hemos subido un poco la dosis del cactus, yo lo he pedido y Massud lo ha aceptado. En realidad tengo tantas ganas de curarme cuanto antes. Empiezo a imaginarme una vida larga, una vida en la que pueda tener algo de libertad, una vida que no sea sólo el miedo y la angustia, una vida que pueda llevar a donde quiera y no sólo en pos de un plan para no vivir.

Empiezo a mejorar un poco en djerek, hoy conseguir empatar una partida con Massud.


Día Nueve del mes del Calor del año 208

Massud me ha invitado hoy a colaborar con él. Me ha dicho, ya vale de pensar sólo en ti mismo, jovencito, te vas a venir a ver lo que es medicina de verdad. No tengo claro que lo que hemos hecho hoy es medicina de verdad, pero está claro que no es la que conocía hasta ahora.

La mayor parte del día sólo hemos visto pequeñas enfermedades de animales, que he de reconocer que no he sabido diagnosticar; pero también hemos visto enfermedades realmente graves entre los pastores o sus mujeres de las que no cabe esperar más que un final doloroso y definitivo. Massud ha tratado lo uno con la misma parsimonia que lo otro, mostrando amabilidad en todos los casos, y dando esperanzas. Cuando le he preguntado, me ha dicho que qué otra cosa deberíamos hacer. Le he dicho, que por ejemplo, en el caso de la mujer anciana con un enorme bocio debería saber que la enfermedad es muy probable que acabe con ella pronto. A lo que me ha contestado que para qué, dado que no podemos hacer casi nada por ella, mejor dejarla vivir con cierta esperanza y preocuparse por la hija soltera, sin dote y no muy agraciada que iba a dejar detrás.

Tengo bastante en qué pensar. He estado tan centrado en mi vida en obtener éxito para poder vivir, que tal vez he dejado de lado cosas importantes. He de reconocer que, a ratos, sólo he visto en Massud a alguien que llevado por el dolor de haber perdido un hijo, se ha aislado del mundo para no reconocerse a sí mismo; pero, ¿no es acaso esta medicina pequeña a veces intrascendente y a veces sin esperanza la auténtica vocación del hakin? Si pienso en los juramentos que nos hicieron hacer en la escuela de Balidran ahora puedo reconocer en ellos más a Massud tratando una irritación de la piel de una cabra que a mí mismo cuando llevaba una consulta prestigiosa de enfermedades mentales.

Día Décimotecero del mes del Calor del año 208

Durante estos días he aprendido bastante más de fisiología de las cabras y ovejas de lo hubiese soñado jamás –excepto, tal vez en mis pesadillas. Ya es lo bastante complicado intentar recordar todos los órganos humanos, así como todas las posibles enfermedades que pueden afectar a los mismos, que son inacabables; como para además añadir los de las ovejas y las cabras. Lo que más confusión me ha producido es la complejidad de los estómagos de ambos. Ni se me había pasado por la cabeza la idea de que pudiese haber más de un estómago y menos una estructura tan compleja. Supongo que si comes hierba seca la mayor parte de las veces, necesitas un estómago complicado para sacar algún alimento de ella.

En cualquier caso, empiezo a ver los sentimientos detrás de esos ojos extraños demasiado separados. Al principio esos iris rasgados como el de un gato pero en horizontal me parecían sobre todo extraños y malvados, como los ojos de un demonio, pero en estos días he empezado a ver en ellos el dolor y también el agradecimiento por las curas que Massud les administra. Mejor que no les tome mucho cariño a estas bestias o no podré comer nada, que raro es el día en Yarim que no hay cabra para comer.

En cuanto a mí mismo, el tratamiento parece ir bien. No han vuelto a aparecer los ataques ni los dolores, me siento por lo general fuerte y centrado, incluso feliz. Por lo general. Las visiones de las que Massud me habló antes de empezar el tratamiento creo que han empezado. No es que está viendo dragones rosa revoloteando por el cielo, eso no, pero a veces me parece ver cosas que están fuera de lugar.

La primera vez fue en una casa de un pastor, su madre, muy anciana, tiene terribles deformaciones en los pies, y me pidió Massud que le administrase unos linimentos en esas deformaciones para apaciguarle los dolores mientras él ayudaba a parir a unas ovejas. La anciana es severa y nunca dice nada, pero aquel día, cuando casi había acabado con los masajes, al mirarla en la oscuridad de su rincón de la casa, tuve que apartarme de ella de un salto. Juraría que la había visto reír con una boca exageradamente grande, llena de colmillos, de entre los que colgaba una lengua bífida como la de una serpiente.  Cuando volví a mirar a la anciana era de nuevo la vieja cascarrabias silenciosa de siempre, pero no me atreví a tocarla de nuevo. Me disculpé, retiré los linimentos a toda prisa y salí de allí.

Tras aquella visión, he visto algunas sombras raras en las esquinas menos iluminadas del pueblo, incluso en la casa de la viuda. Pero no todas las visiones son negativas. Las Lágrimas cuando las miro por la mañana es como si estuviesen hechas de diamante, brilla con todos los colores del arcoíris. Más hermosa que nunca. Y por alguna razón también se ve impresionante la mezquita, como si la luz del sol saliese por cada una de sus ventanas. Y el propio Rabbuh, cuando se sienta a mirar el cielo justo delante de la mezquita parece estar rodeado por un halo de luz. Incluso Djamila parece diferente, más hermosa, como si la iluminase el verano más que a los demás.

Aún no le he dicho nada a Massud, no quiero que la preocupación haga que me proponga parar el tratamiento.

Día Décimocuarto del mes del Calor del año 208

Hoy he tenido una experiencia bastante desagradable. He querido separarme un poco de las visiones que empieza a provocarme el tratamiento y he salido muy temprano, justo al amanecer a caminar por ahí. Casi sin darme cuenta he acabado muy lejos, por las praderas verdes del sur, que se veían especialmente hermosas esta mañana. Me he sentado entre la hierba fresca y he dejado que el brillante rocío y el olor me acariciasen, hasta que me tumbaron a mirar las nubes que pasan. Los insectos zumbaban a mí alrededor, y casi me parecía escuchar una canción que formaban al hacer vibrar sus alas. Cada uno su propia canción. La de las mariposas era casi inaudible, como una polka muy lenta cantada al ritmo de palmadas hechas con manos de paja. La de las mariquitas era un zumbido bajo, como el sonido de mujeres intercambiando rumores. Pero fue el sonido de las libélulas, intenso y rápido, como el de hombres que hubiesen desenvainado sus ak’jambias, el que me llevó hasta lo que me ha marcado el día. Por escuchar a las libélulas me he levantado a mirarlas, y entonces las cosas han empezado a ir mal.

Las libélulas no recorrían el paisaje al azar, sino que parecían ir y venir desde una dirección dada, y posarse sólo en los corazoncillos muertos. Entonces una agobiante sensación de extrañeza me invadió. Los corazoncillos se veían diferentes a todas las otras hierbas, oscuras y tenebrosas, como si estuviesen invadiendo el paisaje a costa de la vida de todas las demás. Algo me impulsó a levantarme y seguir el zumbido de las libélulas, y ellas me llevaron hasta el Pozo Podrido. Sólo que no será sólo apestoso. O al menos, no me pareció sólo apestoso, las flores negras me parecieron malvadas, y el agua burbujeante se me antojó las fauces de un monstruo cuyos dientes medio ocultos eran aquellas piedras que sobresalían, amarillentas de azufre. Todo el lugar es una boca dispuesta a tragarse lo que se arriesgase a entrar en ella. Y yo estaba en ella. Las visiones se intensificaron, sentí como la tierra temblaba y casi sentí como la boca se cerraba sobre mí. Vi claramente cómo los dientes amarillentos se elevaban a mí alrededor, mientras el zumbido de cientos de libélulas me ensordecía. Intenté salir de allí, pero los insectos me golpeaban una y otra vez. Resbalé ya preso del pánico, y vi indefenso cómo robaba hasta el borde mismo del cieno ardiente y burbujeante. Perdí el conocimiento justo cuando me pareció que las burbujas no eran tales, sino manos que intentaban salir del agua para agarrarme.

Cuando me desperté estaba en casa de la viuda. Jalal me había encontrado desmayado junto al charco apestoso y me había traído de vuelta hasta Yarim. Djamila y las demás mujeres estaban en torno a la cama. Massud ha llegado más tarde y los ha echado a todos. Tenía bastante claro qué me estaba pasando, así que no he podido escondérselo.

Me ha costado bastante, pero ha aceptado que continuemos el tratamiento, pero me ha dicho que siempre debe haber alguien junto a mí, que no vuelva a irme a ir sólo por ahí. Dice que las alucinaciones pueden ser peligrosas si estoy solo. Que la presencia de alguien junto a mí puede traerme de vuelta a la realidad aunque esté muy lejos en lo imaginario. Le conté cómo muchas de las visiones eran oscuras y tristes, y él me dijo ya me había avisado de que así sería, pero que debía agarrarme a la idea de que no todas eran así, y recordar que con el tratamiento estábamos adentrándonos en mi propio miedo, a mi convencimiento de que estaba condenado a morir.

Ahora veo que el núcleo de mi mente es más tenebroso de lo que hubiese imaginado.

Día Décimoquinto del mes del Calor del año 208

Hoy no he salido de la casa. No he visto cómo las cortinas se transformaban en demonios de tela, ni me ha parecido que la comida estuviese hecha de sesos de carneros no-natos, aderezada de gusanos. Hoy el día ha sido tranquilo hasta la muerte por aburrimiento.


Para no suicidarme me he colado en la parte de la casa de las mujeres. Ha habido gritos, y quejas, pero al final me han dejado permanecer con ellas siempre que les estuviese leyendo una de mis viejos libros, una novela de guerreros de elefantes que traje conmigo de Balidran. A Djamila le gusta, aunque es una novela tonta de héroes y malvados hechiceros, y al resto de las mujeres parece que también.

19.11.14

Majid. 16

Corrió al lado de ellos, pero ella le exigió que nunca le dijese a Chizia que no era sólo su doctor. Ella no quería que su hijo sufriese por sus pecados, que no se viese menoscabado en su posición por culpa de lo que ella hubiese hecho mal. Y él, a su pesar, le hizo la promesa. Pero no había cura para un Kamaj, así que hubo de inventarla. Tardó tres años más, en los que viajó por todas partes, en hacerse una idea, y dos dolorosos años en probar con alternativas hasta la que funcionó. Para entonces Chizia tenía treinta y cinco y su enfermedad estaba muy avanzada.

Massud me preguntó entonces que qué pensaba yo del mal. Le dije que por lo que sabía afectaba al sistema nervioso. Me preguntó si era una enfermedad física, y le contesté que no, o al menos no sólo, que era más bien algo relacionado con la cabeza, con la mente. Y me lo confirmó, me dijo que así era, que tenía una componente mental, del espíritu, lo mismo que una locura, lo mismo que el mal de Rabbuh. Me explicó que por eso había fallado todos antes que él, ya que tratando como habíamos hecho hasta ahora, sólo el cuerpo, sólo se lograba acelerar la parte espiritual y empeorar la enfermedad. Así que había descubierto que había que tratar al espíritu, pero de una forma muy profunda, como las trepanaciones que yo realizaba, pero aún más profunda. Esto le llevó al camino de las técnicas de hipnosis que se practicaban en Talesmel, entre los hechiceros de la ilusión.

Ahora sé, que para poder curarme no sólo tiene que tratar mi cuerpo y hacerlo más fuerte, sino que tiene que convencer a mi mente, de auténtica, completa, de que estoy curado del mal que la aflige. Para ello va a hacerme tomar algunas sustancias que debilitarán mis concepciones, mis más arraigadas creencias, y luego atacará aquellas que tiene que erradicar porque están relacionadas con la enfermedad. No es sencillo. Y por eso quería contármelo. Chizia, su hijo, alcanzó la curación. La curación completa, física y mental. Pero el tratamiento mental te hace ver cosas, te enfrenta con alucinaciones esporádicas a tus peores temores. Chizia se curó del mal de los Kamaj, pero su mente quedó inestable, fracturada por esos temores, esos miedos, y acabó suicidándose dos años después.

Esa es la razón por la que huyó de Balidran, por la que huyó de su profesión y se escondió en este lugar remoto. Por huir de sus fracasos. Él había hecho morir a su hijo, le había perdido y con él también a la mujer con la que lo había tenido. Por eso, tampoco había querido aplicarme el tratamiento a mí en un principio.

Le pregunté que si entonces acabaría loco igual, que si era una lucha perdida de antemano, y él me dijo que no sólo yo era más joven y la enfermedad estaba mucho menos avanzada en mí que en su hijo, sino que había visto una fuerza, unas ganas de vivir que no había visto en él. Había depurado sus fórmulas, y había practicado mucho la hipnosis con las cabras e incluso con las parturientas, así que él pensaba que tenía una oportunidad; pero que cabía la posibilidad de que fuese inútil, y que podría acabar como su hijo, muerto en su locura. Me dijo que sólo yo podría decidir si merecía la pena el riesgo o no.

Ahora tengo que decidirme, pero sólo puedo decir que aún me lo estoy pensando.


Día Trigésimo cuarto del mes de los Vientos del año 208

He de reconocer que no lo tenía nada claro. Me asusta casi más la locura que la muerte. He sido hakin especializado en la mente y he visto casos que te hacían desear que el paciente muriese y dejase en paz a su familia y a él mismo. Así que he estado a punto de tirar la toalla. Decirle que no a Massud, volverme al valle y dejar pasar los días con la mirada puesta en los picos nevados de las montañas hasta que la enfermedad me lleve a los cielos, a volar con los cóndores entre esos picos remotos. Pero mientras me hacía a la idea del breve resto de mi vida allí en el valle, he imaginado la insistencia de mi madre para que dejase en el mundo otro Kamaj condenado, y cómo me habría negado hasta que ya no hubiese podido, porque mi madre siempre se sale con la suya. Entonces he imaginado a una dulce prima Kamaj, resignada y acostumbrada, siendo designada como la madre de mis hijos. He imaginado sus lágrimas, como las de Djamila, al verme empeorar, tal vez ya moribundo con nuestro hijo condenado aún en su vientre y me he dado cuenta de que no puedo hacer llorar a otra mujer por mí. No quiero que otra Kamaj cuide en su viudez un bello cuadro de mi rostro y que lo salude por las mañana.

No puedo regresar al valle, así que qué podría hacer. Dedicar el resto de mi vida a viajar y ver el mundo, gastando mis ahorros mientras poco a poco la enfermedad me lleva; pero qué mundo voy a ver sino este lleno de dolor de un invierno antinatural, un mundo que tal vez está apagándose como yo mismo. Además no soy un hombre al que le gusten demasiado los viajes, de hecho, ya he tenido bastantes viajes para el resto de mi vida.

Podría buscarme una ciudad cómoda pero lejana, tal vez en el norte, mejor una con mar, como Salasem, vivir ahí como un exiliado al que no le importan los gastos. Pero, ¿para qué?

Cuánto más lo pensaba más clara era la respuesta, si voy a morir mejor luchar, intentar el tratamiento aunque me lleve a la locura. Pero no acababa de decidirme, hasta esta mañana. Esta mañana Djamila ha estrenado thobe nuevo, negro, por supuesto, pero muy hermoso, con hilos de plata y otros bordados. Le he dicho que estaba muy guapa, y se ha puesto tan contenta que he entendido que para ella soy importante. Es una chica hermosa, demasiado joven tal vez, para mí, pero es una chica fuerte que cree que puedo vivir, no es una prima Kamaj resignada a la viudedad. Quién sabe, tal vez yo sí que pueda vivir, tal vez pueda tener la esperanza de pasar largos años con una mujer hermosa y valiente como Djamila.

Y así lo he decidido, penando en que aunque el tratamiento vaya mal, tal vez pueda dejarle el dinero que no necesitaré a la viuda, para que aunque sea sin mí, Djamila pueda tener una dote decente y escoger el hombre al que realmente quiera, uno mejor que yo, un sano pastor de cabras negras como el Dios del Mal.

Massud me ha dado las primeras dosis de mi nueva medicación. La tengo aquí delante y quería terminar de escribir esta entrada en el diario antes de comérmela.


Día Trigésimo quinto del mes de los Vientos del año 208

La medicación no es tan mala como pensaba. Ya me dijo Massud que íbamos a empezar con muy poca dosis y la iríamos subiendo. La verdad, anoche cuando me tomé la primera dosis estaba temiendo que los monstruos de debajo de mi cama de infancia asomaran de nuevo de entre las sábanas, pero nada de eso ocurrió.

En realidad, me siento más relajado que nunca, y más tranquilo. Por lo demás no he notado nada en absoluto. Esto no va a ser tan malo como creía.

Massud me ha dicho que siga con las caminatas y los ejercicios y que el primer día del mes del Calor empezaremos con la hipnosis.

Me siento esperanzado.

Día Trigésimo sexto del mes de los Vientos del año 208

Escribo rápidamente una nota, porque no voy a escribir en unos días. Me siento tan a gusto, que voy a bajar con Djamila, Jalal y una de las hermanas de Jalal, hasta la capital del jecado, a Al Ossi. Quiero comprar más tinta de colores para mi libro de hierbas, y la verdad, estoy pensando en comprarle algo bonito a Djamila. Últimamente  he estado pensando mucho en ella.

Volveremos a tiempo para empezar las sesiones de hipnosis con Massud.


Día Tercero del mes del Calor del año 208

Al final la visita a Al Ossi se alargó un poco más de lo esperado. Ahora que tengo esperanzas, he visto la ciudad del Jeque con otros ojos. Cuando pasé por allí buscando a Massud, la encontré triste y provinciana, una ciudad para olvidar. No sé si será por el color que ha traído el verano y la luz que se ha abierto paso por entre las nubes, si será mi nueva esperanza o si será la medicación, pero lo cierto es que ahora me ha parecido hermosa.

Al Ossi es una ciudad coqueta, con varias mezquitas pequeñas, pero alicatadas de hermosos azulejos blancos y azul cielo. Por todas partes domina el dátil y la palmera datilera, la principal producción en esta tierra de las colinas del califato de Al Jorath; pero en Al Ossi, a diferencia de Oyara, no se dedican en exclusiva al dátil, ahora lo sé. Además de los hermosos azulejos pintados, que son la especialidad de la ciudad, he visto hermosos trajes realizados con toda clase de materiales, desde lino y algodón, a lana y piel, he visto joyeros artesanos que aunque imagino que no serán comparables a los del lejano norte, crean hermosos collares y pendientes como los que le he comprado a Djamila.

En definitiva, espero ir muchas más vece a nuestra cercana capital.


Massud hoy estaba ocupado con un problema de la oveja, así que empezaremos mañana temprano con la primera sesión de hipnosis.