31.10.19

Antes escribo...

Ayer escribí una entrada del blog contando las novedades de las últimas semanas y mis planes siguientes. En esa entrada dije:

"[...] Hay otra pequeña colección de cuentos en los que voy a tener la suerte de participar, pero aún no quiero decir nada hasta que hagan el anuncio oficial. [...]"

Pues no ha habido que esperar. Ya está aquí. Bajo el nombre de FrankenTwitter la asombrosa Alicia Gil Pérez ha juntado un buen montón de soberbios escritores y escritoras, así como algunos más cutrecillos como yo (no todo va a ser maravilloso), y ha logrado componer una colección de cuentos cuya inspiración es puro Dadá.

Todo surgió de un twit  que te proponía que tu próximo proyecto de escritura fuese sobre un tema absurdo basado fragmentos de frases que se escogían por tu fecha de nacimiento y la primera letra de tu nombre; algo que no tendría nada de especial, uno más de todas esas locuras aleatorias que rellenan mi TL, si no fuese por la alineación arbitraria de los astros que hizo que Alicia se decidiese a encabezar el asunto y a muchos a apuntarnos.

Como amante del caos y partidario de abrazar la entropía, no puedo estar más contento que ver cómo el resultado del puro azar  construye de nuevo arte. Y si todo eso no os convence deciros que el ínclito señor de las tinieblas y de los dados Santiago Eximeno está en el ajo.

30.10.19

Se acaba octubre

Se acaba octubre y hay muchas cosas que contar. La más obvia es que en dos días empieza el NanoWrimo. Os pondría un enlace a mi página de nanowrimista, pero no encuentro forma de encontrar un enlace público, así que si queréis ver mi información de nanowrimista tendréis que buscarme como 'Johan Paz' y haceros uno de mis 'buddies'. 

Este año no voy a escribir de cara al público porque 61 Virgins me parece que es de los retos más complicados que he intentado hasta ahora, y la verdad no quiero espantaros. Si típicamente dejo reposar una nano dos años sin mirarla en un cajón antes de decidir si merece la pena reescribirla, editarla y probar suerte con ella, tras lo cual tardo un año o dos en darla por 'terminada' (o sea un total de unos cuatro o cinco años) me parece a mí que con 61 Virgins el proceso se va a eternizar.

Aunque representa mi retorno al género que me es más natural (ciencia ficción realista y cercana con algún tinte social) incluye muchos aspectos que van a ser, para mí, completamente novedosos y temas que a los que le tengo considerable respeto (por no decir miedo). Pero, diablos, el año que viene cumpliré cincuenta y ya va siendo hora con que me enfrente a temas realmente complejos.

Pero antes de zambullirme en las pupilas de la chica del gorro verde, han estado pasando cosas interesantes que merece la pena mencionar. Ya habéis podido leer en este mismo blog sobre Ni en un millón de años, un libro de relatos de ciencia ficción en el que me invitaron a participar. Por fin, puedo anunciaros que ya disponemos de versión en papel. Si alguien quiere tener un ejemplar en papel y le resulta demasiado caro, que me contacte por MD en mi cuenta de twitter y probablemente le mande uno de regalo.

Hay otra pequeña colección de cuentos en los que voy a tener la suerte de participar, pero aún no quiero decir nada hasta que hagan el anuncio oficial.

Y aún tengo otra noticia más interesante: el primer libro de los Colonos de Tulgia cumple ahora el margen de cuatro años de rigor desde que lo esbocé, y, tras todas las vueltas que le he dado, va siendo hora de publicarlo. En esta ocasión he contratado a correctores profesionales y estoy muy contento con el resultado. No creo que pueda tener Cuentos de hierro y pólvora listo para mi cumpleaños (esta Navidad), pero seguro que el año que viene (sí, ese en el que cumplo 50) lo podréis tener entre vuestras manos. 

¡Y esta vez con una portada impresionante! 

Pronto sabréis más. A los que vais a participar en el Nano: ¡mucha suerte y ánimo!

14.10.19

'Ni en un millón de años' en Amazon


Probablemente el mejor resumen de cómo se fraguó esta colección de relatos está en este blog. Y no deja de ser un libro raro cuyos escritores incluyen cosas tremebundas como 'ingenieros' o ´físicos'.

¡Horror!

Como dice Paco los ingenieros somos muy tenaces, o diciéndolo de otra forma muy cabezotas y pesados; una vez lanzada la idea de hacer un libro de relatos que nos gustase a nosotros ya no cabía ninguna otra posibilidad que hacerlo.

Y creo que no ha quedado nada mal.

Os animo a leerlo: no es muy caro y el dinero va a ser donado a ONGs, además es posible leerlo gratis por el Unlimited de Amazon. Y como siempre decimos si os agrada, ¡no os olvidéis de dejar una reseña en la entrada de Amazon o, mejor incluso, en la GoodReads!

Y si no os gusta decídnoslo también, que no hay nada que le guste más a un ingeniero que aprender de los errores y ponerse manos a la obra para arreglarlos y que lo siguiente que ocurra sea mejor.

23.9.19

Relato rechazado - Las jornadas de evaluación

Ya puedo subir mi intento de entrar en Pendejhadas:

Las jornadas de evaluación

Tener un puesto de profesora en esta institución es la realización de todos mis sueños. Una mujer, especialmente una perteneciente a una raza sospechosa como la de los djinn, no tiene muchas oportunidades de conseguir un trabajo relevante y bien remunerado. Sobre todo, uno para el que sientes que has nacido, uno que te haga sentir completa y que represente un auténtico reto. Para ser sincera,  adoro estar entre estas paredes. Adoro a los alumnos y a las clases. En ningún otro lugar del mundo se puede disfrutar de tal ambiente de chisporroteante innovación, ni del grado de libertad del que disfrutamos aquí. El evento Montes-Warwovish ha dejado a nuestra sociedad tocada y fuera de estas paredes la magia es algo que la gente teme. Fuera de la Institución todos los no-humanos somos sospechosos por defecto. Así que todo esto es un privilegio. Ser aceptada como profesora de Artes de la Alteración en este rincón protegido por el gobierno, siendo como es, mi piel más azul que el cielo de verano y mis orejas más puntiagudas que las de un elfo, es, sin duda, un regalo de los dioses.

No voy a decir que todo sea perfecto. Eso no. Las djinn somos demasiado similares a las mujeres humanas y somos, en comparación con ellas, algo más voluptuosas. Eso conlleva algunas dificultades al tratar con el profesorado, o más bien, con los hechiceros varones humanos que son la mayoría del mismo. Sé que no es del todo culpa de ellos —los humanos, en especial los varones, son sexualmente muy activos; se nota en eso que apenas hace un millón de años que se bajaron de los árboles— pero acaba por resultar cansado que no aparten nunca los ojos de tu cuerpo a pesar de que lo cubras, capa sobre capa, con prendas amplias de lana áspera. Las mujeres nosferatu del Instituto de Ciencias de Ultratumba no sufren de esos problemas. Las envidio por ello. Sinceramente, después de explicarle por quincuagésima vez a otro de tus compañeros, que sí que te cae bien, que sí que te parece un hombre inteligente e interesante, o, que te ríes de sus chistes porque son, realmente, muy buenos, pero que aun así no tienes interés en comenzar ninguna serie de experimentos de sexo interracial, ni tienes intención de perturbar nuestra decadente sociedad con un matrimonio mixto y unos hijos mitad azules y mitad rositas, acabas por desear que la modificación de la realidad a gran escala no estuviese prohibida desde el Montes-Warwovish. A los varones humanos les convendría un pequeño ajuste que afecte a sus partes más queridas. A todos ellos.

El otro aspecto que no me gusta de mi trabajo en esta institución son las jornadas de evaluación de riesgos. Entiendo la necesidad de tenerlas. A fin de cuentas, tratamos con magia, que es —casi siempre— mucho más peligrosa que la ciencia y tenemos con nosotros a los más talentosos hechiceros y hechiceras de todas las razas conocidas, tanto de entre los vivos como de entre los no-muertos; sin que por eso dejen de ser jóvenes, casi adolescentes, sujetos a las veleidades propias de su edad: amores imposibles, celos, dudas existenciales, así como toda clase de conflictos absurdos entre ellos o con el mundo. Si en alguna parte pudiese ocurrir otro evento catastrófico que pusiese en duda la continuidad de la existencia del Universo sería aquí. Para evitarlo tenemos las jornadas. Cada profesor debe revisar a sus alumnos, uno a uno, siguiendo un procedimiento claramente establecido por el gobierno, siempre atento al muhesómetro —para detectar picos de magia espontánea— y al aletómetro —para verificar la sinceridad del alumno entrevistado—, que tiene el objetivo de detectar alumnos con intención o posibilidad de provocar un desastre místico de envergadura. Es comprensible. Lo es, sin duda, pero en mi caso, que soy la profesora principal de Alteración y además una djinn de amplios poderes, las jornadas de evaluación implican una clase de contacto que intento evitar. Pero es lógico, ¿quién está mejor preparada que yo para lidiar con un ifrit potencialmente peligroso?

El que me tocaba esta mañana, antes del almuerzo, se llamaba Gaith y provenía de las tierras desérticas de Halbarab. De piel roja como el fuego de una fragua, con el pelo ensortijado que les es propio, debía tener unos setenta años, edad en la que, tanto los ifrit como los djinn, apenas se considera que comencemos a estar preparados para asumir nuestras obligaciones con la sociedad. Sus ojos eran amarillos como la arena del desierto, pero con brillos metálicos, con tonos naranjas, casi como si estuviesen hechos de ópalo. Y era tan alto y fornido —características típicas de los ifrit varones— que la túnica oficial de estudiante apenas lograba disimular lo musculado que estaban sus brazos y su pecho. Lo hice sentar frente a mí intentando disimular el profundo desagrado que siento por toda su raza y procedí con la evaluación:

—Veo que su nombre es Gaith —le dije— ¿sin apellidos?
—Los ifrit de Halbarab no los usamos —me contestó. Yo ya lo sabía, pero también sabía que la pregunta le molestaría y de esta forma podía calibrar sus reacciones al tiempo que verificaba el correcto funcionamiento de los dos aparatos de medida— allí consideramos que cada uno es un individuo independiente y único. Así que sólo se usan nombres, ni apellidos ni patronímicos ni ninguna otra clase de designación que nos clasifique.
Eso era cierto sólo ahora, tras el evento, antes los ifrit de Halbarab —como todos los demás de su raza— estaban encadenados a sus objetos de encantamiento y siempre habían sido clasificados por categorías: había habido ifrit de lámpara, de anillo y de templo. Gaith, sin embargo, era lo bastante joven como para no haber conocido aquellos tiempos. Tal vez había nacido libre.
—Está bien, Gaith de Halbarab —dije para recalcar de esta forma una ‘designación’ de esas que tanto decía odiar— veo que está en su tercer año en la Institución y que es alumno de Invocación. ¿Es correcto?
—Lo es.
—Invocación es una especialidad extraña para una persona de su raza.
Eso le molestó.
—¿Porqué todos los ifrit debemos estudiar magia elemental? —contestó— ¿Porqué un ifrit sólo está interesado en quemar cosas y provocar destrucción?
—No —dije muy calmada mientras sentía por dentro cierta satisfacción por haberlo manipulado de forma tan simple—, porque suelen ser los humanos los que muestran más interés en el arte de la invocación. 
—La invocación es la parte de la magia que más me interesa —contestó algo frustrado.
—¿Puedo preguntar la razón?
—Contiene las especialidades que creo que me pueden ser de más utilidad, para mis investigaciones académicas en el futuro.

El muhesómetro no mostraba ningún rastro de actividad mágica y el aletómetro indicaba que sus respuestas eran sinceras, pero no completas. Ocultaba algo importante.

—¿Qué especialidad en concreto cree que le será de utilidad?
—Hay varias… —contestó con clara intención de evitar el tema.
El aparato indicaba con claridad que estaba ocultando muy importante para él, así que me tocaba presionarle un poco más.
—Invocación contiene hechicería de muy diversa clase —le dije—, necesito algo más específico para completar la evaluación.
—¿Esto es realmente necesario, señorita Paw…? 
—Limítese a llamarme profesora —le corté— y claro que es necesario: es su evaluación, si no quedo satisfecha será expulsado de la Institución y puede que incluso investigado por la Comisión de Riesgos.
—Pero… —su frustración me resultaba obvia y el color amarillo intenso del aletómetro confirmaba mi impresión—, profesora, ¿no siente usted que todo esto de las evaluaciones es la forma que tienen los humanos de mantenernos controlados?
—¿Controlados? ¿A quiénes?
—A usted, a mí, a todas las criaturas de naturaleza mágica.
—Esa es precisamente la idea —le dije mientras mantenía la mirada en sus embriagadores ojos que parecían hechos de topacios— el evento demostró… 
—El maldito evento —se quejó el joven ifrit—, cualquier conversación sobre nosotros, los seres mágicos, acaba siempre en el evento Montes-Warwovish, en cómo de muestra el peligro que representamos, que representa cualquier magia que no sea adecuadamente normalizada y canalizada.
—¿No cree que deba ser así? —le pregunté. 
—¿Qué sabemos del evento, en realidad? —me contestó.
—Está todo documentado. Seguro que has tenido una asignatura de…
—Sí —me interrumpió— he tenido ya dos seminarios sobre el evento, por no hablar de las lecturas y trabajos obligatorios sobre el evento de la clase de Historia de la Magia. Créame, profesora, conozco absolutamente todo lo que se ha dicho y escrito sobre ese supuesto acontecimiento.
—¿Supuesto?
—¿Qué nos cuentan? Que el hechicero Montes, intentando aumentar el poder de su asistente encadenado Warwovish, un ifrit, provocó una ruptura de la realidad que borró nuestras restricciones encantadas de la historia, lo que, a su vez, supuestamente, provocó un espiral de caos y destrucción que casi anula toda la creación.
—Eso es lo que sabemos que pasó.
—Y lo sabemos porque…
—Así lo relata Majjima, la única superviviente de todo el evento, que logró restaurar la realidad a duras penas, aunque no pudo lograr que Montes ni Warwovish sobreviviesen.
—Y Majjima era…
—Una djinn, pero seguro que usted ya sabe todo esto. Los djinn somos buenos aliados de la humanidad desde que evolucionaron sobre este planeta. Prácticamente les enseñamos todo lo que saben de magia, y hemos procurado desde entonces que no provoquen un desastre con ella. Majjima era una amiga y colaboradora cercana del hechicero Montes, que por suerte estaba en el laboratorio cuando el evento…
—Y no le parece sospechoso, ¿profesora?
—¿Qué parte exactamente, Gaith?
—Los djinn siempre han sido los amigos de la humanidad, sin embargo, nosotros los ifrit que casi somos la misma raza…
—Señor Gaith, le recomiendo que piense bien que pretende decir…
—¿Qué diferencia hay entre nosotros, profesora? —se atrevió a preguntar— ¿Acaso no somos ambas especies de naturaleza mística, conectada cada una a un par de los elementos básicos de la naturaleza? ¿Acaso no podemos, llegado el caso, disponer de poderes de transformación casi ilimitados? Sin embargo, ustedes han sido los amigos de la humanidad y nosotros peligros que debían ser contenidos y encadenados.
—No puede compararme en serio las cualidades sanadoras del agua con la violencia que representa el fuego —le dije al tiempo que evitaba mostrar mi indignación.
—Cualquier superviviente de un maremoto o de un tornado, creo que opinaría que el agua y el aire pueden ser tan peligroso como el fuego y la lava de cualquier volcán —contestó—. Mire, profesora, aceptemos que el hechicero Montes realmente quería aumentar el poder de sus asistentes encadenados.
—¿En plural? Sólo el ifrit…
—Tal vez es cierto que tuvo éxito —continuó, ignorando mi réplica— y los liberó a los dos. ¿Provocó eso el caos de destrucción que Majjima explica en sus escritos? No podemos saberlo, si ocurrió sería en una línea temporal que la propia Majjima impidió que existiera. Pero, ¿y si no es eso lo que pasó? ¿Y si Majjima sí que manipuló el tiempo pero no para salvarnos de la destrucción sino para hacernos creer que los djinn son los amigos de la humanidad ‘desde el principio de los tiempos’ y los ifrit peligros andantes que sería mejor que estuviesen encadenados? ¿Y si lo que hizo Majjima fue asegurar su libertad y la libertad de todos los de su raza? ¿Y si fue eso lo que realmente pasó, profesora?
—Menudo disparate…
—¿Usted cree? —me preguntó con tono de sorna— Pues yo le encuentro cada vez más sentido. Y, por eso, estudio Invocación. Necesito conocer suficiente magia cronal como para ver por mí mismo el evento Montes.
—Cronal. La magia de manipular el tiempo.
—Eso es.
—Entiendo —le dije secamente— creo que con esto ya tengo material suficiente para completar su evaluación.
—No le gustan mis intenciones.
—Eso ya lo sabrá cuando reciba el informe, Gaith. Ya puede marcharse.
—Sólo busco conocer la verdad. 
—Hemos terminado, por favor, márchese.

Llegué a pensar que se revolvería contra mí; porque el muhesómetro mostraba un claro incremento de la magia elemental de fuego, pero se limitó a resoplar abatido y a marcharse. Por esta clase de cosas odio las jornadas de evaluación. Y no es la primera vez que me pasa. Ya es el décimo ifrit que mando a la Comisión de Riesgos este año; y nueve de ellos han acabado encadenados a máquinas de vapor de las que producen electricidad para la Capital. No les deseo la esclavitud, sinceramente, pero no soporto a estos malditos revisionistas de la historia.

Relato del cuarto de hora - No me va mucho el terror

Como escritor que intento ser tengo una importante limitación. Sobre todo en este país de espanto y tragedias: me aburre el género de terror. Sí, he dicho bien, me aburre. Lo repito: me aburre, me aburre y cuanto más leo del género más me aburre. Sé que es, probablemente, la pata del taburete de la literatura de género más popular en estas tierras, pero a mí me deja frío y no en el sentido adecuado, ya sabéis, de piel marmórea y rincones gélidos en cementerios habitados sólo por ánimas de tiempos pasados incapaces de alcanzar la paz. Me deja frío en el sentido malo, en el del payaso sanguinario que no tiene ni pizca de gracia, el del psicópata que pasa la vida sin que ésta le afecte lo más mínimo, embutido en un chubasquero de impasibilidad salpicado de sangre y de vísceras. Y sé que hay muchas variantes, desde monstruos inhumanos de las profundidades más insondables hasta la casquería más explícita. Pero enfrentado a los primeros sólo puedo plantearme si no da más miedo lo humano que lo inhumano, si no me parece más pavoroso el que abría la espita del gas antes de volver a casa a cenar. Y enfrentado a la más abundante colección de vísceras desparramadas ya sea por zombis descerebrados o por espíritus vengativos deseosos de transfusión, sólo siento algo de repulsión, aunque no tanta como frente a una tienda de casquería real. Sobre todo si pienso en que la hamburguesa que acabo de comer podría estar parcialmente hecha de eso.

No sé que me pasa. 

Tal vez es que no tengo miedos reales. ¿Será eso? No creo que sea tan diferente del resto de los mortales, y aunque es bien cierto que la proximidad de la quinta decena te da una cierta pátina de 'a mí qué me cuentas' para todo, no es posible que no pueda compartir el disfrute del pavor. ¿No? Algún miedo habré de tener. No sé. Algo relacionado con mi experiencia vital, algo atávico que me acojone de verdad debe estar ahí agazapado en algún relato que aún no he encontrado. 

Algo debe de atemorizarme, ¿no? ¿Qué es lo que más me asusta? Tal vez algo de enfermedades. Estar malo nunca me ha parecido agradable. Sí, por ahí debería, seguir. Pero lo peor no sería el dolor, sino perder la cabeza. Sobre todo eso de, la enfermedad esa en la que no consigues... Empieza por 'a'. Estoy casi seguro. Mierda. El rollo es que sabes lo que intentas, o sea las palabras andan ahí, pero no logras... 

Una pena que eso de que te asustes no me acabe de, o sea, que me. Joder. Eso de que dejas de estar interesado. También empieza por 'a'. Creo que lo he escrito arriba, pero no consigo leerlo. Lo he escrito muy raro. Uff.. y muy largo. En cuanto dejen de estar descolocadas las letras del teclado lo busco en eso de google.

6.9.19

Próximas convocatorias de Ficción Interactiva



Ya está convocada la ECTOCOMP de este año. Podéis apuntaros a participar usando el siguiente enlace:



La ECTO tiene una opción de participación llamada 'La Petite Mort' que es particularmente interesante si nunca habéis intentado hacer nada de ficción interactiva. Sólo tendréis que dedicar cuatro horas para poder participar, lo que no es mucho. Si queréis probar sólo tenéis que descargaros alguna de las muchas herramientas que existen para crear ficción interactiva como Squiffy, Twine o Ficdown. Con los cursos y tutoriales disponibles y esas herramientas no creo que tardéis ni un día en haber hecho vuestra primera ficción interactiva y si tenéis duda siempre podéis preguntarnos en algunos de los canales habituales:


¡Y si la experiencia os gusta o simplemente queréis saber más siempre os podéis apuntar a la Rayuela de este año! Donde encontraréis toda clase de recursos y una comunidad activa de creadores con los que podéis interactuar.

25.8.19

Relatos Rechazados: CONCLUSIONES FINALES SOBRE KRR4Z-III

Llega el turno de publicar mi segundo relato mandado para Actos de FE. En este caso en forma de falso informe técnico.




CONCLUSIONES FINALES SOBRE KRR4Z-III

Lo primero que debo decir es que no puedo estar más orgullosa con la eficacia y profesionalidad de todos los miembros del equipo. Consideramos la expedición al planeta en la tercera órbita de la estrella con denominación KRR4Z  como un éxito y ello es debido a las siguientes razones:

  1. Se ha podido confirmar el origen artificial de las señales en radiofrecuencia del grupo KRR4Z-QST desde la 45006 hasta la 76023. Incluso se ha podido reconstruir la 57831 como una señal visual codificada de forma arcaica, aunque ingeniosamente comprimida, tal y como se ha detallado en el capítulo número 15 de este informe. Sospechamos que casi todas las señales de la misma banda de la 57831 podrán ser reconstruidas como fragmentos de animación visual similares. Estamos convencidos de que en la cultura dominante de este planeta usaba masivamente visuales para comunicarse y sobre todo para entretenimiento.

  1. Como se ha podido ver en el capítulo nueve, descubrimos que dicha cultura tenía una enorme tendencia a usar una parte desproporcionada de su tiempo y de sus recursos al entretenimiento. Vamos a afirmar que nos encontremos con el primer caso de la postulada clase cuatro de culturas hedocéntricas.

  1. Sin duda este lugar es único en muchos sentidos. Las grandes ruinas que hemos encontrado no dejan lugar a dudas: la civilización de KRR4Z-III había superado ampliamente la fase industrial (aunque, aparentemente, no la fase de consumo de combustibles fósiles) antes de su caída.

  1. Aunque parezca sorprendente para un planeta tan pequeño (véase las características del mismo en el capítulo tres), hemos podido estimar el total de la población de la única especie inteligente (o al menos civilizada) en miles de millones de individuos, tal vez diez mil millones (pueden verse las razones de esta deducción en los capítulos ocho y veintidós). Eso implica una presión enorme sobre la bioesfera del planeta, presión que provocó una extinción masiva de plantas y animales. Esta extinción explica, a su vez, o, al menos, en gran parte, la reducida diversidad biológica de KRR4Z-III así como la inexistencia de cadenas tróficas largas o de ecosistemas con extensas redes de dependencia.

  1. Hemos encontrado que los habitantes de la civilización caída, llevados por la desesperación, intentaron regular la bioesfera al completo, buscando una suerte de ecología circular en su propio beneficio. Esto no está completamente demostrado (las pruebas que lo sugieren se encuentran en el Anexo C), pero estamos convencidos de que esta civilización había iniciado un camino de máximo aprovechamiento Gaia equivalente a la que completaron con éxito los Glubblalys. Se sabe, por el Teorema de Bioformación Siete, que una civilización hedocéntrica de nivel superior a uno no puede completar la minimización Gaia y, como en este caso podríamos estar hablando de una hedocéntrica muy superpoblada de nivel cuatro, la minimización de la ecología fracasó. Tal fracaso los llevaría a un colapso completo y a la desaparición de la civilización

Suena lógico y ortodoxo. Esa sería la conclusión estándard: un caso más de colapso por Teorema Siete. La galaxia está repleta de las ruinas de civilizaciones que cayeron en esta trampa. Pero este grupo de investigación está preparado para sugerir que este caso es muy diferente, creemos que el colapso se debe al Teorema Dos de la Bioformación, y que representa un devenir no encontrado hasta ahora en ninguna otra civilización caída.

Pero antes repasemos en detalle los datos más relevantes que hemos descubierto y que nos llevan a esta heterodoxa conclusión.

Tecnologías avanzadas principales de la civilización caída

En el capítulo veintiuno se han detallado todas las tecnologías industriales y post-industriales que las pruebas arqueológicas pueden confirmar. Cabe resaltar un subconjunto de ellas:

  1. Tecnologías industriales confirmadas que implican un deterioro rápido del ecosistema:
    1. Extracción de combustibles fósiles mediante inyección de líquidos a presión en el subsuelo: esta tecnología, en cualquiera de sus múltiples formas, está presente en muchas civilizaciones caídas dependientes de los combustibles fósiles. Incapaces de sostener su producción energética recurren a estas medidas desesperadas que contaminan el manto freático y provocan temblores; así como muchos otros problemas (listados en la sección 7.21).
    2. Producción masiva de plásticos no degradables: se estima que esta civilización producía anualmente tal cantidad de plásticos no degradable que en sus mares debían formarse islas de dicho material del tamaño de ciudades o incluso de países.
    3. Uso masivo de fertilizantes: en una desesperada carrera para producir el alimento necesario para su inmensa población hay pruebas claras de que explotaron todas sus fuentes de fertilizantes hasta agotarlas, haciendo un uso muy ineficiente de los mismos. Tanto que es casi seguro que las algas excedentes en lagos y ríos habrían matado a toda la vida animal de agua dulce.

  1. Tecnologías post-industriales confirmadas que implican un uso exacerbado de energía sin ningún uso práctico:
    1. Existencia de una red global de información sin restricción alguna y sin control de acceso o de contenidos. Estas redes que en principio parecen una gran ventaja para la investigación, son en realidad un problema, sobre todo en sociedades tan hedocéntricas. En estas civilizaciones devienen finalmente en redes de entretenimiento con fuerte índice de enganche y dependencia, lo que resta no sólo efectividad intelectual a la población, sino que provoca la necesidad de enormes granjas de servidores de alto consumo energético dedicados en exclusiva al mantenimiento de juegos o noticias de cotilleo sin ningún valor para la civilización.
    2. Tecnologías médicas de embellecimiento: estas tecnologías, habituales entre las civilizaciones caídas hedocéntricas, producen un desvío de recursos desde la medicina necesaria hacia la recreativa, lo que a su vez produce un efecto de competición artificial en cánones de belleza irreales, lo que provoca un incremento de las necesidades de estas tecnologías médicas innecesarias, y así en una espiral de gasto muy peligrosa.
    3. Tecnologías de deportes de riesgo: la existencia de tecnologías necesarias para deportes de riesgo improductivos como el vuelo sin máquinas, la escalada sin sistema de respiración artificial, o la inmersión en aguas peligrosas, es una de las pruebas que aportamos para afirmar que esta civilización caída es hedocéntrica de clase cuatro. No sólo era compulsivamente recreativa, sino que incluso se ponían en riesgo voluntariamente para una breve inyección de entretenimiento. Los miembros de esta sociedad incluso gastaban enormes cantidades de la energía disponible para llegar a lugares distantes y practicar estos deportes de riesgo.

  1. Tecnologías biológicas relevantes:
    1. Obtención del mapa genético: hay pruebas suficientes que demuestran que esta civilización alcanzó el nivel técnico necesario no sólo para analizar toda su propia información genética, sino el del resto de las especies del planeta. Debieron disponer por lo tanto del mapa genético completo tanto de plantas como de animales, así como del resto de los reinos presentes (véase el árbol de las especies encontradas en el capítulo veinticuatro).
    2. Clonación: no hay pruebas de que la civilización acelerase su crecimiento poblacional, y por lo tanto la catástrofe, mediante la clonación de su propia especie; sin embargo, hay pruebas concluyentes de que usaron estas técnicas con sus animales y plantas de consumo. Esto aceleró la reducción de diversidad genética y la fragilidad de los ecosistemas.
    3. Modificación genética: finalmente, hay pruebas claras de que alcanzaron a tener la capacidad de modificar muchas de las especies del planeta. Tal vez por ello pensaron en la posibilidad de una ecología circular minimizada. Esto ya los habría condenado a una trampa de tipo siete, pero como hemos anunciado creemos que los llevó a un nuevo tipo de declive, una trampa de tipo dos.

  1. Tecnologías bélicas y espaciales relevantes:
    1. Carencia de viaje espacial efectivo: es casi seguro que la civilización alcanzó algunos de los planetas más cercanos. A buen seguro llegaron hasta el satélite del planeta, en donde se han encontrado naves y artefactos que parecen contener símbolos identificativos de, al menos, dos estados-nación diferentes. Sin embargo, estas naves eran muy primitivas y carentes de la tecnología de escudos imprescindible para cualquier viaje espacial de relevancia. Los individuos que se aventurasen al espacio con tales artefactos, a buen seguro, tendrían graves problemas de salud a su regreso.
    2. Armamento nuclear de aniquilación: incluso en la actualidad hemos podido encontrar (y hemos desarmado para mayor seguridad) armamento nuclear suficiente para destruir varias veces la superficie del planeta. Si no hubiesen alcanzado el declive por otras razones es posible que se hubiesen destruido en una guerra mundial de la misma magnitud que las de los casos: KrrKT o Slalomu.
    3. Producción excesiva de armas privadas: se han encontrado restos de múltiples armas antiguas. Armas personales, como si cada ciudadano de esta civilización tuviese que defenderse a sí mismo. Algunas civilizaciones hedocéntricas son violentas o contienen un sistema social basado el absurdo concepto de propiedad privada ilimitada que las lleva a temer que lo que ‘les pertenece’ les sea robado. Tal vez sea el caso de este singular planeta.

Especies más extendidas en el planeta

Otro dato relevante para nuestras conclusiones es la peculiar distribución de algunas de las especies del planeta:

  1. La especie de mayor éxito planetario es sin duda la que hemos llamado ‘aumovuno’, de autótrofo móvil uno. Esta especie es capaz de producir su propio sustento a partir  tan sólo de luz solar, agua y una mínima provisión de minerales que chupando o lamiendo las piedras adecuadas. Esta especie se encuentra en todos los ecosistemas de la superficie planetaria, desde zonas áridas, hasta árticas, pasando por los grandes bosques del ecuador.
  2. En segundo lugar, se encuentra otra especie autótrofa, a la que hemos denominado, ‘auinuno’, de autótrofo inmóvil uno. Esta especie se encuentra por todas partes. Hierba de fácil reproducción que genera un número excesivo de semillas de un enorme valor nutritivo. Su eficiencia en la generación de calorías alimenticias, así como la limpieza de casi todos sus defectos genéticos, nos hace sospechar de que se trata de la última planta creada por la civilización caída para su sustento. Auinuno es actualmente la base de una gran cantidad de cadenas tróficas, y el sustento de la mayor parte de los animales no autótrofos del planeta.
  3. Otro animal destacable es el ‘marmovuno’, de animal marítimo móvil uno. El marmovuno domina en gran parte de los mares del planeta. Como el aumovuno es autótrofo, pero puede alimentarse de otros animales si la luz es escasa, incluso puede alimentarse de otros marmovuno en caso necesario. Vive una cantidad muy considerable de tiempo sin que deje de crecer en ningún momento, por lo que hay marmovuno de todos los tamaños, desde el más pequeño al más colosal. En algunas partes el marmovuno constituye el ecosistema completo. Debido al Teorema Cero de la Bioformación, el marmovuno no puede ser natural, ya que constituye el único componente de alguno de los ecosistemas del planeta. Las anormalidades de varias partes de su genoma confirman su origen artificial.

Elementos claves adicionales para nuestras conclusiones

La conclusión que vamos a presentar, sabemos que controvertida por novedosa, se sustenta además en algunos aspectos sorprendentes que incrementan nuestra confianza de que este planeta es algo único:

  1. Carencia de rastros de aniquilación por conflicto final: en una civilización tan armada como la estudiada, la crisis final de recursos suele desembocar en un conflicto de tipo apocalipsis. Considerando al armamento nuclear encontrado, aún activo, lo normal hubiese sido que encontráramos un planeta devastado por completo, con extensas zonas aún afectadas por envenenamiento radiactivo. No sólo no hay pruebas de uso parcial del armamento nuclear, sino que ni siquiera parece haber habido una guerra mundial final de tipo convencional. No hay zonas urbanas ampliamente bombardeadas, ni monumento a los caídos, ni extensos cementerios. Esto fue lo primero que nos puso sobre la pista.
  2. Presencia de grandes jaurías de animales de compañía: en el capítulo trece se puede ver cómo varios de los animales más exitosos son pequeños depredadores que fueron antes del colapso animales de compañía de los miembros de la civilización caída. Al principio pensamos que se trataba de muchas especies diferentes pero el análisis genético demostró que se trataba de sólo una especie y que la diversidad morfológica entre ellos era producto de la domesticación y de la selección artificial. ¿Cómo es posible que los animales de compañía hubiesen sobrevivido a los conflictos finales del colapso? En casi todos los casos registrados los animales de compañía habían pasado a ser ganado y aprovechados por su carne cuando el colapso comenzó. Sin embargo, en este planeta, han sobrevivido y proliferado.
  3. Carencia de intentos de emigración final: en muchos casos, como el ya mencionado Slalomu, cuando la civilización se ve abocada a su final se hacen intentos desesperados por colonizar otros planetas del sistema solar. Intentos condenados, por supuesto, pero cuyas colonias resultantes (destruidas o abandonadas) pueden encontrarse en los planetas más cercanos. A veces, cuando la criogenización es viable, se encuentran cápsulas con individuos preservados, o aún más frecuentemente un reservorio de semillas y de embriones. No existe en este planeta ninguna de estas formas de intento de preservación.
  4. Carencia de pruebas de un suicidio colectivo final: en algunos casos la civilización, una vez deducido que el colapso es inevitable, y llevada por la culpa realiza un acto final de contrición y arrepentimiento en forma de un suicidio ritual colectivo. Típicamente hace lo posible por permitir que la naturaleza siga su curso tras ellos y acaban con su vida. Esto podría ser consistente con las otras circunstancias de ese caso, pero no con su alto hedocentrismo. Además, habitualmente, la civilización prepara para estos casos tumbas enormes rituales, o sistemas de grabación de mensajes para la posteridad. Nada de todo eso se ha encontrado durante esta expedición.

Conclusión final

¿Qué le ocurrió entonces a la civilización de KRR4Z-III? Llegado a este punto podemos apuntar una conclusión revolucionaria (en los apéndices se pueden encontrar todas las pruebas necesarias): los habitantes de KRR4Z-III se transformaron en los aumovuno y retornaron a un estadio primitivo de existencia.

Los aumovuno tienen una similitud morfológica enorme con los habitantes civilizados del planeta, tanta que originalmente pensamos que eran parientes evolutivos cercanos. Parientes que, por su proximidad morfológica, habrían sido excluidos de la domesticación y transformación en ganado por parte de la civilización. Pero esto no podía ser correcto por varias razones: la similitud era extrema, no resultaba concebible que los aumovuno y los habitantes desaparecidos hubiesen compartido casi toda la historia evolutiva para adquirir de forma natural la autotrofía en fases finales. Y el Teorema Dos establece que los animales autótrofos no pueden constituir civilización por carencia de interés en mejorar su producción alimenticia y falta de presión evolutiva, por lo que los habitantes de nuestra civilización no podían ser autótrofos. Los aumovuno tenían que ser artificiales, pero, ¿por qué crear unos animales autótrofos tan semejantes a ellos mismos?

El descubrimiento de los auinuno y, sobre todo, los marmovuno nos dio la clave. Los habitantes de KRR4Z-III mediante técnicas de ingeniería genética se habían embarcado en un proyecto de simplificación de la biosfera capaz de soportar su ingente y aún creciente población. Seguramente el primer paso fue la creación del sustento ideal, capaz de crecer casi cualquier parte, el auinuno. Pero dada la magnitud de los océanos del planeta crear una versión marina era una necesidad. Ahí entraron los marmovuno. Crearon seres autótrofos capaces de rellenar incluso los ecosistemas muertos, exhaustos largo tiempo atrás,

Pero, ¿por qué quedarse ahí? Si los marmovuno funcionan (y lo hacen muy bien), ¿por qué no modificarse a ellos mismos y proporcionarse autotrofía? Nosotros sabemos por qué no debieron hacerlo: por el Teorema Dos, pero ellos desconocían los Teoremas de la Bioformación. Estamos convencidos de que crearon una plaga vírica que los transformó en seres autótrofos. Seres que ya sólo necesitarían luz, agua y algo de minerales: los aumovuno.

El cambio ocurrió probablemente en una generación, y muy poco después el Teorema Dos (que ahora sabemos que se aplica no sólo al surgimiento de una civilización, sino, como vemos, a su mantenimiento) entró en acción. Las nuevas generaciones ya no requerían esforzase para obtener su sustento. Un buen vaso de agua limpia y un rato al sol mientras respiraban profundamente era suficiente para estar sanos y pletóricos de energía. ¿Para qué iban a preocuparse por nada? Si añadimos además la naturaleza hedocéntrica intensa de la especie, es probable que se abandonasen las ciudades (que requieren una considerable organización para su mantenimiento) en no más de dos generaciones. ¿Cuánto tardarían en abandonar el resto de los aspectos de la civilización? Un ser autótrofo casi no necesita del resto de sus congéneres para vivir. De hecho, ni siquiera necesita del cuidado de sus padres demasiado tiempo. Creemos que la degeneración se fue extendiendo cada vez más hasta el abandono completo de las actividades civilizadas, e incluso del habla.

Los habitantes de KRR4Z-III no fueron exterminados, ni murieron de forma espantosa, simplemente alcanzaron un destino más agradable para una especie hedocéntrica de clase cuatro; dejaron de ser esforzados individuos civilizados para encontrar una forma feliz de existencia inconsciente. Ahora son un animal más de su planeta, capaces de sobrevivir casi sin esfuerzo, interesado tan sólo en el juego y el placer.

Petición de recursos de exploración

Creemos que, aunque controvertidas, estas conclusiones no son rebatibles. Estamos dispuestos a demostrar que cualquier crítica que se haga a ellas es errónea, los habitantes de KRR4Z-III eran hedocéntricos de clase cuatro y su propia naturaleza los llevó a evolucionar en un animal feliz carente de necesidades que exijan la existencia de una civilización avanzada; y que, por lo tanto, son una prueba de una nueva aplicación del Teorema Dos de la Bioformación. El teorema debe reformularse, como hemos demostrado: los seres autótrofos no sólo no pueden generar de forma natural una civilización, tampoco pueden sostener una ya preexistente.

Entendemos que este cambio de paradigma deberá ser discutido, pero no podemos dejar de aprovechar estos descubrimientos para hacer una petición de recursos. Este equipo considera demostrado el hedocentrismo de clase cuatro y cree poder demostrar la existencia del hedocentrismo de clase cinco.

Solicitamos que le expedición se alargue y se nos permita resituarnos en un sistema a tan sólo 15 años luz de aquí. El sistema denominado (por la civilización caída) como Sol, en su tercer planeta (llamado por ellos Tierra), contuvo una civilización avanzada post-industrial de seres llamados ‘humanos’ que estamos convencidos que son hedocéntricos de clase cinco.

Si tan sólo nos permitiesen un estudio de campo de no más de dos décadas, creo que podremos demostrar que los humanos se han recluido en un sistema de entretenimiento permanente huyendo de la percepción del desastre ecológico que han provocado.